Los inmortales del momento

Once prosas para celebrar el 24 de diciembre

De madrugada en madrugada el corazón de agua sanguinolenta palpita como el tambor de los presagios bajo el Zócalo, la Plaza Mayor de la Babilonia de los Aztecas masacrados por la Historia.

Cuando tecleas el que intenta ser un habitual trozo de hebdomadaria prosa periodística, viene el Espíritu o el Ángel o el Demonio de la Escritura Automática a dictarte estas prosas mientras, atrás de los temblorosos cristales y desde el fondo de la noche murmurosa, Santaclós te señala con dedo dictatorial.

 

1

De madrugada en madrugada el corazón de agua sanguinolenta palpita como el tambor de los presagios bajo el Zócalo, la Plaza Mayor de la Babilonia de los Aztecas masacrados por la Historia.

 

2

Para la primavera del año que viene la Asociación de Próceres y Mártires del Comercio, gimiendo entre las garras
del demonio de la Crisis, abrirá miles de palacios McDonald’s y las crujientes papitas doradas tronarán entre los dientes de las señoras fantasmas que allá por el fin-de-siècle (cuando don Porfirio se almidonaba los dictatoriales bigotes) paseaban por Paseo de la Reforma guiñando un ojito adúltero al duque Job y que ahora muestran pierna en las barras de los Sanborns.

 

3

Algún desconsiderado, creyéndolas de oro, le robó las tetas al dizque Ángel de la Independencia, que en realidad es una Victoria y por eso tenía tetas, pues.

 

4

Se dice, en murmullo y con mirada ladeada, que hay una profundísima y secreta línea subterránea del Metro con estación terminal en Mictlán (el barrio de los muertos según la mitología mexica).

 

5

El que ayer era bolero (“esto es limpiabotas, ¡vamos!”, dijo un cronista gachupín) es hoy el apodado Ojitos Flamígeros y viene enmascarado a repartir manifiestos de la Revolución del Día Siguiente a la Hora del Desayuno; y el doctrinario y justiciero cuchillo de obsidiana sonreirá fulgurando en la mano más siniestra que diestra… aunque bastante diestra, después de todo.

6

—¿Metafísicos estamos?

—Es que ya no hay beberecua. Ahora los cabarets y bares que bullían insomnes toda la noche cerrarán mucho antes de que rompa (madres) el alba.

 

7

De la noche mariachurresca y de beatitud alcohólica (ahora el mezcal está más de moda que el tequila) viven ladrones, secuestradores y asesinos, ¡y cómo se encanalla la metrópoli y se pone torva, cacofónica, bestial, para embestirnos el pecho con su cuerno de tinieblas, su huracancito de miseria cantarina entre frenéticas guitarras eléctricas y mentadas de madre en rock duro!

 

8

Una muchacha aún romántica, al oír por el celular el desdeñoso mensaje de ruptura que le ha enviado su hasta ahora novio… estrangula al celular.

 

9

Hora de sabatino anochecer enceguecido de esmog.

Hora de chirriantes arrancones de chavos en automóviles enloquecidos.

Hora del melancólico reblandecerse de los huesos en la noche alquilable de la suripanta.

Hora de la puerta metálica que rechina oscilando a la entrada de un terreno baldío adornado con cacas de perro y televisores agonizantes.

Hora del puñal de obsidiana que es lanzado al corazón y vuela tan lentamente que su movimiento es una misteriosa forma de la quietud (¡ainomás pal gasto, licenciado!: uno también es poeta, como don Xavier).

 

10

Carta hallada quién sabe cuándo en botella que flotaba en las densas aguas color café del Lago de Chapultepec:

“Papá, mamá, hermanos y diversos parientes, les notifico que naufragué y me ahogué apenas había iniciado mi viaje alrededor del mundo, y estoy intentando salir desde el fondo, así que por favor espérenme antes de comenzar la navideña cena, y si llego tarde y se cansaron de esperarme, y quieren ir a dormir, no olviden dejarme (bajo el amarillento y parpadeante foco desnudo de 60 watts) el vaso de leche y las galletas Marías, oh, las ancestrales galletas Marías, nadie que las masticó las recuerda” (la fecha es ilegible, pero puede ser 23-XII-1959 o 1969 o quién sabe. Se han corregido las faltas de ortografía).

 

11

Y en la noche navideña el Santaclós barrigudo, rojiblanco, mecanizado, ¡un botargón gringo!, se asoma desde
un escaparate y vocifera a los chavos de la calle su pregón carcajeado:

“I want your money, folks!

“I want your blood, people!

“I want your soul, suckers!”.