Los inmortales del momento

Feminoteca de la noche 1002 de Sheherezada

La hermosa y sensual señora se acostaba con todos los jóvenes escritores nacionales para mejorar la calidad de la nueva literatura erótica mexicana.

En la noche 1001 la muchacha Sheherezada contó al sultán el cuento de una muchacha llamada Sheherazada que durante todas las anteriores noches había contado al sultán un cuento en el que una muchacha llamada Sheherezada...

Y, en fin, tras oír el más reciente cuento preguntó el sultán:

—¿Entonces, podría ser que nosotros también solo seamos los personajes de un cuento?

—Sí— dijo ella.

—¿Luego no somos reales tú y yo, ni este palacio?

—En efecto: ni el palacio, ni su inmenso jardín, ni esta ciudad, ni el desierto que nos rodea tienen realidad.

—¿No existe nada, pues, que sea real?

—Sí, la noche.

APASIONADA

Tan largas e intensas noches estaba gozando Madame Dufois que hasta sus pezones estaban ojerosos.

CLEOPATRA

"Si la nariz de Cleopatra", decía Pascal, "hubiera sido más pequeña, la faz del mundo habría cambiado".

—No, Pascal, no precisamente la nariz— susurró a Pascal el fantasma de Cleopatra.

UNA BELLA

Desnuda, su tontería quedaba considerablemente disminuida.

RECIPROCIDAD

Puesto que el Dictador tenía sus lameculos, la Dictatriz se otorgó el derecho de tener sus lamecoños.

EPIFANÍA

Final de penúltimo capítulo de novela no recomendable a los niños (y mucho menos a las niñas):

"Viéndose de pronto desnuda ante el desnudo galán, tanto ardía la marquesa en deseo que un horizontal relámpago la cruzó de un pezón al otro, y...".

UNA MECENAS

La hermosa y sensual señora se acostaba con todos los jóvenes escritores nacionales para mejorar la calidad de la nueva literatura erótica mexicana.

LAS MUCHACHAS DE ZHIRZHA

Al burdel de más lujo de la ciudad de Dublín, el regentado por doña Evangeline O´Neill Casey, envían a algunas de las muchachas de Zhirzha que, aunque sean angelicales en el sentido estricto del adjetivo, nacen sin alas (este es el caso de apenas un 0.06 por ciento de la población femenina zhirzhense), y estas muchachas exóticas son las más cotizadas por la clientela porque, exentas de las tales excrecencias carnales y plumosas (como las que tienen a la espalda las otras pupilas de doña Evangeline O´Neill Casey), no son difíciles para copular en las suntuosas camas del como les digo el burdel de más lujo de la ciudad de Dublín.

EN NUEVA YORK

De pronto vio a la misma mujer asomada a todas las ventanas de todos los rascacielos.

PANDORA

Se sospecha que la llamada caja de Pandora, ese cofrecillo del que, por haber ella imprudemente quitado la tapa, salieron la pasión, la locura, los vicios, el trabajo y aun la enfermedad (es decir la mayoría de los males de la humanidad) y se abatieron sobre el mundo, era en realidad el coño de Pandora.

LA GARBO

De Greta Garbo se sospecha que se la veía tan blanca y etérea en la pantalla porque, detestando los argumentos estúpidos, las malas puestas en escena y los galanes fatuos que el cine le imponía, no salía de casa, se escondía detrás de feos sombreros y oscuros anteojos y enviaba a actuar ante las cámaras a su luminoso fantasma.

UNA PASIÓN EN EL DESIERTO

El extenuado y sediento viajero perdido en el desierto vio que la hermosa mujer del oasis venía hacia él cargando un ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas.

—¡Por Alá —gritó—, dime que esto no es un espejismo!

—No —respondió la mujer, sonriendo—. El espejismo eres tú.

Y, en un parpadeo de la mujer, él desapareció.

ACTRIZ

Tan erótica era la voz de la actriz que la censura le prohibía recitar incluso el anuario telefónico.

FELLINIANAS

El felino Federico Fellini filmaba con su cámara golosa a través de bosques de hermosas mujeres rollizas. Quería lentes más panorámicos y pantallas cada vez mayores y más anchas que altas para registrar e instalar las redondeces femeninas, y buscaba las actrices más grandotas y rotundas, las Sandras Milo y Magalíes Noëls y Anitas Ekberg que con bocas y nalgas y pechos totalitarios llenaran el horizonte visual y la voraz mirada del espectador.

LEDA (Y EL CISNE)

El acto es sencillo, de dudoso gusto y excitante:

La mujer, con el nombre de artista de Leda, se tiende bocarriba sobre el tablado y abre los muslos y los brazos, y el cisne, de alas blanquísimas y rumorosas, desciende y cubre ese espléndido cuerpo y hacen el amor con una dulce música que no apagan los excesivos sonidos de placer emitidos por los dos actores.

Al final, el público aplaude y cae el telón...

Y (pero esto no lo cuentan los cronistas) mientras Leda recibe a sus admiradores en el camerino, el cisne, en anonimato y en silencio sale a la cafetería cercana a tomar un café con leche y fumar un cigarrillo sostenido en la punta del ala ya un tanto amarillenta de nicotina.