Carta de Esmógico City

¿Una vieja pero oportuna canción a Bartola?

Desde luego, el cronista no tiene el grandioso despacho desde el cual un celebérrimo colega opinador, el heroico y mitológico rey de Uruk, el tal Gilgamesh (simplificado en Gil Gamés para astutamente parecer cualquier hijo de vecino cuyo verdadero apellido tal vez sería Gámez), se dedica a comentar aquellas noticias que acostumbran asombrarlo hasta ponerle los ojos como platos. Pero, sin afán de imitación y desde su cuartito humilde de trabajar y de dormir (que más bien es solo de teclear y desvelarse), el cronista también ha quedado con tamaños ojos al oír, al leer, al ver por la tele que un buti de gente de distintos partidos e instituciones se escandaliza y pone el grito en el gris y llovedor cielo porque don Miguel Ángel Mancera, jefe del gobierno del De Efe, propone que el salario mínimo por día sea elevado a la cantidad, cegadora por deslumbrante, de… 80 pesos, 00/100, moneda nacional.

Y el escandalazo es comprensible. ¡Ochenta pesotes! ¿Qué se propone el nada angélico don Miguel Ángel con esa desorbitante sugerencia? ¿Quiere que cada humilde y esforzado trabajador, cada multiempleado, cada multichambista y embozado holgazán gane más de lo que se merece y, súbitamente enriquecido por el desconsiderado gobierno, se dedique a la orgía y el despilfarro? ¿Desea que cada hijo de vecino le haga la desleal competencia a tan esforzado juntador de pesos como el héroe financiero y benefactor don Carlos Slim, cuyo heroica epopeya humanitaria acaba de ser reconocida solo con el premio Starlite (o algo así) cuando por lo menos sería merecedor del premio Nobel de Economía?

En fin, admitiendo que don Miguel Ángel pudo extralimitarse en su desorbitante proposición. aunque quizá estaba poseído de un similar propósito humanitario, el cronista suspira al recordar una antaño popular canción, dedicada a una heroica mujer del pueblo, que era toda una lección de Economía y que decía así (pero algo adaptada a este momento):

“Oye, Bartola,/ ai te dejo ochenta pesos; /pagas la renta,/ el teléfono y la luz. /De lo que sobre/ cojes d’ai para tu gasto./ Guárdame el resto/ para echarme mi alipús.”