Carta de Esmógico City

Los "vagoneros" pasan pero se quedan

El cronista cree recordar que hace un lustro (palabra ya en desuso que significa cinco años) se hizo un sondeo de opinión entre los pasajeros del Metro, con el resultado de que una mayoría de ellos dijo estar conforme en pagar un peso más por el boleto, pero con la condición de que mejorara el servicio y se fueran los vagoneros.

Como el cronista (de acuerdo al artículo que publicó en Milenio Diario el 16 de diciembre de 2009) oía por primera vez la palabra vagonero, la buscó  en los lexicones de la lengua española (incluido el desastroso diccionario de la Real, ¿o irreal?, Academia), pero fue en vano, y entonces se puso un dedo en la frente, y sucesivamente otro, y otro, y otro más (método que ayuda a pensar, según consejo de Al Azhareb, el sabio árabe loco) y dedujo que vagonero era un neologismo de cepa mexicanísima, quizá exclusivamente metropolitanísima, para designar a las personas que venden cosas dentro de los atestados vagones del Metro, es decir los individuos, ya sean de este o aquel o el otro sexo, que, por muy grande que sea la apretazón de pasajeros en los vagones, hallan el modo de circular ofreciendo su mercancía con frecuencia piratesca o falluquera… o fayuquera, y la pregonan mediante enormes bocinas que suenan a todos los decibeles para que el viajero ensordezca, se aturulle y compre lo que sea, aunque ninguna falta le haga.

Pasaron cinco años como pasan las golondrinas, como pasan las volubles nubes, como pasan las enfermizas aguas de los moribundos arroyos citadinos, como pasan los vagones y como pasan los vagoneros por los pasillos de los vagones y entre apretujados pasajeros, y la misma promesa de mejorar la cosa repitió la autoridá del Metro, con la oferta, claro, de retirar vagoneros. Y….

Todo sigue pasando igual, pero ahora con dos pesos más de costo del boleto.

Así que el cronista, que también pasa (como pasajero y ser mortal, es decir como muerto con permiso), se pregunta: ¿qué pasa, pues con el Metro?, y sospecha (sin ser precisamente sospechosista) que le están tomando las canas que heroicamente se resisten a irse de su testa.