Carta de Esmógico City

Aquellas tribus, ¿quién que las vio, no las recuerda?

En diversos diccionarios, lexicones, tratados, enciclopedias, ensayos sociológicos, etc., se llama tribu, según el criterio histórico, a “cada una de las agrupaciones en que los antiguos pueblos hebreos y romanos estaban divididos”, o, según la antropología cultural, a una “organización social que comprende un gran número de familias, grupos, bandas o aldeas dentro de un mismo territorio, con un lenguaje propio, una cultura definida y un sentimiento de unidad que la caracteriza ante los extraños”…

Pero el cronista, ya un tanto turulato después de ese solo par de definiciones quizá científicas, prefiere que en la lengua figurativa y familiar de un diccionario cortésmente divulgador se le llame tribu a “cualquier familia numerosa, pandilla o grupo, etcétera, con un folclore propio”.

El cronista, pues, recuerda que hace no demasiado tiempo las tribus pululaban en no pocas páginas de la prensa cotidiana y urbana. La palabrita (aparte de un uso todavía actual respecto a diversas y a veces contrarias banderías políticas que se forman en un partido), servía para designar a ciertos grupos, o grumos, de la muchachada de las llamadas clases bajas, o de la clase inframediana o de la casi subterránea. Esos racimos de muchachos se caracterizaban por sus folclores más o menos inconformes y hasta rebeldes. Había, sobre todo, cuatro tribus “estelares” que amenizaban (¿o amenazaban?) la aburrida cotidianeidad de la urbe: los emos, los punketos, los darketos y los anarketos.

Hoy, hasta donde el cronista está informado (disculpe usted), esas tribus se han afantasmado hasta casi desaparecer. Cada tribu tenía rasgos y actitudes muy característicos y distinguibles, pero ahora ¿quién sabe de ellas? (Acaso los anarketos se sobreviven transformados en anarcos o anarquistas, pero ¿serán los mismos?) Y el cronista, pensando que no hay sociedad sin tribus, y que además acaso la sociedad sea una Tribu de tribus, no entonaría un dolido canto por ninguna de ellas, pero, confiesa sentir una leve aunque acre nostalgia de los pintorescos y casi divertidos emos, punketos, darketos, anarketos… y subtribus adláteres.