Carta de Esmógico City

La rugidora bestia: la ciudad

Rugen los grandes camiones de motorazos, rugen los aviones de a chorro, rugen los demasiados automóviles con sus motores y claxons y radios y choferes maldicentes, rugen las raudas motos con tubo de escape abierto, rugen las martillantes máquinas de construir edificios, rugen los locutores los anuncios y los spots de radio y tele, rugen por doquier los altavoces de las tiendas, rugen los televisores en todos los lugares los bares y restaurantes, ruge el rudo rock desde los antros hacia las calles, rugen ¡goooooooooool! las multitudes desde los estadios y rugen trompetas para celebrar desde medianoche a la mamá o la novia o cumpleañera y para que rabien los desvelados vecinos, y rugen los ciudadanos por tanto sufrir el rugir…

Y en fin, pero sin fin, en esta mañana, como en cualquier otra, toda Esmógico City está emitiendo su ya institucional rugido que tiene al cronista al borde de la histeria y casi de la Historia (pues hay rugidoras fechas históricas que parecen conminar al suicidio como modo de fuga).

Y por qué el cronista —preguntarán  acaso los lectores, en la suposición de que haya algunos— dedica su columnilla a perorar contra el citadino estruendo cotidiano usando la palabra rugido y no la palabra ruido, que si bien son tan parecidas no serían exactamente lo mismo (cuestión de esa ge que se entromete para rugir más que el ruido, que el estruendo, que el caos rugiente?

El cronista —para explicarse, y conste que no para disculparse, pues le parece que no habría motivo— recurre a sus escasos pero quizá suficientes conocimientos de etimología, y susurra (en lugar de rugir, ¡claro!) que la palabra ruido no tiene verbo que la haga activa. “Ruidar” y/o “ruidear” serían palabras torpes y feas que ofenderían al oído, y además el cronista recuerda (pues se tiene bien ojeado, leído y releído su diccionario de Corominas) que la palabra ruido viene desde el marmóreo latín con el que los romanos, cuando algún estruendo interrumpía su pose de estatuas, decían que había un rügitus.

Por lo demás Esmógico City, en su desatada, agobiante, incontrolable polución sonora, es como una bestia feroz, una fiera rugiente de mil modos, que cada día nos devora, nos mastica, nos tritura para al día siguiente hacer lo mismo pero siempre con mayor ferocidad… y con mayor número de rugientes decibeles.