Carta de Esmógico City

El rugido de la Ciudad Marabunta

La palabra rugido, proveniente del latino: rugitus, engendró la palabra ruido, todavía más breve pero acaso suficiente para designar la polución sonora que envuelve a nosotros, habitantes de las ciudades. En Esmógico City rugen los grandes camiones de motor, rugen los aviones de a chorro, rugen los demasiados automóviles con sus motores y cláxones y radios, rugen las raudas motos a tubo de escape abierto, rugen las máquinas de construcción de edificios, rugen los altavoces de las tiendas, rugen los televisores en todos los lugares públicos, rugen los bares y restaurantes, ruge el rudo rock desde los antros a la calle, rugen ¡goooooooooool! las multitudes desde los estadios y rugen trompetas para celebrar de noche a la novia o cumpleañera y para que rabien los desvelados vecinos… (pero olvide usted que el cronista escribió lo último, no sea que lo declaren enemigo de la Identidad Nacional, pues el mariachi ya es Patrimonio Espiritual de la Humanidad).

La Noise Pollution Clearinghouse, institución mundial investigadora de los daños causados en los seres humanos por ese fenómeno ingente, la polución sonora, ha establecido una tabla de las cantidades de decibeles con que aparatos e individuos engordan el estruendo de nuestro, ¿nuestro?, mundo. Tomando en cuenta que un ruido continuo de más de 70 dB’s o decibeles (unidades con los que se mide la intensidad de un sonido) puede dañar hasta la sordera a nuestros propios y naturales aparatos auditivos (nuestros oídos, vaya), tome usted en cuenta este racimo de ejemplos:

Rumor ambiental de gran ciudad: de 70 a 150 dB.

Camión pesado: 110 dB.

Martillo neumático y concierto de rock: 110 dB.

Despegue de jet: 120 dB.

Operación de jet en pista y sirena de ambulancia: 140 dB.

Ambiente de despegue de cohete espacial, sin protector de oídos: 180 dB (nivel en que uno queda más sordo que una tapia, particulamente de cementerio).

Y, amigos, no es que el cronista desee espantarlos, pero todos esos casos suelen darse en la ruidósfera de Esmógico City. O sea que estamos en riesgo de…

¿Cómo?...

¿Qué me está usted diciendo?...

¿Quéee?

Por favor, gríteme pegado a este oído.

¿QUÉEEEEEEEEEEEEE?