Carta de Esmógico City

¿Una nueva modalidá de atraco?

Doña Belén Hernández, señora o señorita sesentañera y de rulos negros sin siquiera una cana otoñal, admiraba desde hacía unos minutos una hermosa bicicleta de montaña exhibida en la vitrina de la tienda Professional Cycling, de Galerías Insurgentes. Se hubiera dicho que deseaba el deportivo vehículo para (¡a su no tierna edad!) ejercer el ciclismo montañístico como una rival femenina del campeonísimo Chris Kovarick.

Cuando don Pedro Dávila, empleado del establecimiento, asumiendo que la pasión del ciclismo montañístico, como cualquier pasión, no tiene que admitir límites de edad ni de sexo, se acercó a la “abuelita” a pregonarle las virtudes de la atlética bicicleta, entonces ella se enfundó unos guantes, sacó del bolso una pistola y ordenó a Pedro Ávila que le entregase el dinero que hubiera en la caja.

Al intentar Pedro Dávila desarmar a doña Belén y disuadirla del atraco, ella se resistió con mordidas, patadas y un desatinado pistoletazo, y cayó al suelo, donde el desliz de la peluca de negros rulos la mostró como una dama sesentona y de “cabecita blanca” súbitamente adornada con un sangriento chichón, por lo cual el empleado llamó a policías y paramédicos, que se llevaron a la novata asaltante a algún hospital donde le atendieran la herida, y luego, tal vez, ante alguna representación de la Autoridá.

Hasta allí sabe el cronista acerca de la portentosa aventura de doña Belén, y espera que, después de que le curaran el chichón, después de ser regañada, nada más regañada, por algún representante de la Autoridá, la hayan eximido de multa y de horas de encierro, y la hayan devuelto a un hogar donde acaso también la habrán regañado, pero con mayor dulzura. Y ojalá que ella esté ya tranquila sin soñar con algún otro fantasioso atraco.

Pero, ¡oh!, cuando el cronista se envanece con su profundo humanitarismo, de pronto le surge una inquietud y se pregunta si tan mal estará la cosa en el país que hasta las venerables “cabecitas blancas” se van integrando  a la creciente delincuencia, la cual no por ser de las mal organizadas resulta menos inquietante.

Ay, doña Belén, ¿no habrá fundado usted, por si faltara, una nueva modalidá de atraco?