Carta de Esmógico City

Para ser feliz, según dices, ¡no despistolices!

El cronista ojea los dos tomos del excelente Cancionero Popular Mexicano (recopilación y comentarios de Mario-Kuri Aldana y Vicente Mendoza Martínez, colección Lecturas Mexicanas, Conaculta ) y lo asombra lo pistolizado que está el folclor del país. Y es que para un gran número de ciudadanos la pistola es algo así como un elemento sine qua non de la identidá nacional considerada como machismo… o viceversa.

La matona manual, la pistola, sobre todo en formato de revólver, ha sido cantada en todos los estilos: el meramente informativo (“Traigo mi 45 con sus cuatro cargadores, y traigo 50 balas pa’los traidores”), el narcisista (“Me gusta el sombrero echao de lao y pistola que tenga cacha de venao”), el altivo (“Mi orgullo es el traje de charro, traer mi pistola, pasear con el pinto…”) e incluso el educativo (“Y traigo pistola al cinto y con ella doy consejos”), etc. Pero, puesto que todo tiene su pro y su contra, resulta que para otro gran número de gente, que no está contra el folclor pero sí contra el tiroteo como dizque sano deporte, es poco civilizada la afición a la pistola. Por ello el gobierno capitalino ha decidido despistolizar Esmógico City canjeando las pistolas por cosas quién sabe si más útiles pero siquiera más pacíficas. Desde 2012, el programa “Por tu familia, desarme voluntario”, ha logrado que 18 mil citadinos entreguen  armas y cartuchos guardados en casita, o en el cinto o quién sabe dónde, a cambio de estufas, televisores, computadoras, tabletas electrónicas, despensas, etc., para que no se eche tanta bala y, por accidente o por incidente, resulten dañados algunos individuos del ciudadanaje.

El cronista aplaude, pero presiente la inconformidad de los devotos de una tradición instituida sobre todo por las canciones rancheras bravías y las películas de charros bragaos y empistolaos. Esos nostálgicos del folclor macho, para quienes la pistola es un órgano natural del cuerpo, cualquier día se encrespan contra algún sospechable proyecto de ley de despistolización y empiezan a marchar por Esmógico City, a cerrar calles, a romper escaparates, a atrincherarse en el Zócalo, en nombre del derecho humano a tener pistola para con ella dar consejos.