Carta de Esmógico City

De cómo don Fernando usó la cabeza contra don Antonio

La contienda electoral —que en principio al cronista le parece asunto particularmente motivado por el afán de mejorar la calidad de vida del ciudadanaje de cualesquiera ciudades, incluida la tal Esmógico City, inviable y casi a punto de ser invivible— es asunto racional o sea “de mucha cabeza”, pero el recién pasado lunes don Fernando Zárate, diputado federal y candidato del PRI-PVM a regir social y cívicamente el distrito 25 de Esmógico City, hallándose en un acto de campaña, entendió la frase entrecomillada en sentido literal, sin comillas, pues le asestó repentino cabezazo a don Antonio Cuéllar, funcionario de la Unidad Departamental de Regularización de la Tierra, cuando éste realizaba una rutinaria inspección en un predio irregular llamado Tierra Nueva…

Y, por si el testarazo (¿manera elegante de decir cabezazo?) no fuese bastante conminatorio, el equipo de achichincles del “cabeceador”, según se hizo constar en acta del Ministerio Público, le habría robado a Cuéllar el radio o teléfono portátil que utilizaba para cumplir con su empleo.

El cronista queda en crisis de asombro al considerar el comportamiento poco civil de don Fernando Zárate en su condición candidatal, y piensa que el incidente pudo deberse, no a una inclinación del susodicho a la violencia, sino a una quizás excesiva afición al futbol, deporte que sobre todo es de patadas, pero en el que a veces se mete un bonito gol de cabezazo… o de testarazo, pues tal palabra significa lo mismo: golpe dado con la cabeza, o la testa. Y lo del robo del radio o teléfono de don Antonio tal vez no sea imputable a don Fernando, sino a que los candidatos se esfuerzan y sacrifican tanto en sus campañas que deben ser apoyados por un equipo digamos humano; y, además, acaso tal actividad requiere ser sazonada con algunos elementos oscuritos, que la hagan más competitiva, aunque sea a riesgo de caer en la absoluta incivilidad, y entonces ¡cabezazo y a correr con lo que agarremos!

Y el cronista sigue como suele decir Gil Gamés: con los ojos como platos… pero como platos voladores, o sea enormes y giratorios.