Carta de Esmógico City

¿Qué destino espera a los elefantes?

Dentro de la simpatía que tiene hacia los animales, compañeros del hombre en la existencia terrenal, al cronista lo enternecen particularmente los elefantes, esos gigantes simpáticos como los que Renato Leduc envió a una señora tras desmaterializarlos y transfigurarlos en versos como estos: “Los elefantes son, más comúnmente, grises,/a veces son gris-rata, a veces son gris-perla/y tienen sonrosadas como usted las narices”.

 Pero… dejemos por ahora los lirismos.

El caso es que el cronista, desde que supo del edicto de la arbitraria prohibición de los animales en los circos, se ha alarmado al saber de la situación de los elefantes en Esmógico City, la cual hoy se extiende a todo el país de alrededor.

Resulta que los dichos paquidermos —a quienes así también puede llamárseles, aunque quizá ellos lo encuentren algo insultante— no tienen ya futuro en nuestros lares: los circos, que tampoco lo tienen, deberán desprenderse de ellos, dárselos o vendérselos a otros, ¿y a quiénes?, pues las autoridades no han sido precisas en cuanto a dónde se les pondrá a envejecer y a morir y qué trato se les dará en esa tristísima situación.

Armando Cedeño Álvarez, el presidente de la Unión Nacional de Empresarios y Artistas de Circo, declara, y se le comprende, que no están dispuestos a regalar sus elefantes a los zoológicos, pues cuestan un dineral (aproximadamente un cuarto de millón de dólares), y los directores de los zoológicos alegan no tener presupuesto suficiente para mantenerlos. De modo que si no es a los zoológicos, donde quién sabe si recibirían trato mejor que en los circos, ¿adónde irán y cómo serán tratados los compañeritos paquidermos?

Y vaya una foto como uno entre muchos ejemplos del trato que merecen los elefantes.