Carta de Esmógico City

El cronista declara su miedo a la gran ciudad capital

Tembloroso más que de costumbre en Esmógico City, la ciudad capital cada vez más antiutópica en que le tocó habitar (y no se dice vivir, porque eso supondría un siquiera 50 por ciento aceptable del estado de cosas), el cronista ha leído el informe más reciente —diciembre del 2016— de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana realizada en cincuenta y una ciudades de la República Mexicana por el Instituto Nacional de Geografía e Historia, al cual en siglas llaman Inegi (con omisión de la H quizá por la obsesión del ahorro que comienza a desvelar al ciudadanaje en estos tiempos de tremebundos trompetazos de Trump). Y no es para estremecerse menos: resulta que Esmógico City está entre nuestras ciudades que, según dicho informe, alcanzan más de 90 por ciento de percepción ciudadana de la inseguridad (la inseguridad pública, desde luego, porque según la percepción del cronista llega a mucho más de ciento por ciento).

Así que estamos muy altos en la lista de campeones de ese, digamos, deporte involuntario: el temblor, que es el vibrante resultado del miedo no deseado pero hoy siempre presente, ¡ay! Y el cronista, que ya hace tiempo ha tenido que renunciar a sus breves y muy calmados paseos de temprana noche por su rumbo próximo, a su tertulia semanal de amigos y colegas en el centro citadino, a usar frecuentemente taxis, Metro y autobuses, y aun los meros instrumentos pedestres, y casi ha dejado de utilizar los servicios bancarios (pero solamente casi, pues ya todas las empresas pagan los trabajos con cheques, las muy astutas, y la delincuencia acecha tranquila aunque siniestramente a las puertas de tales instituciones), el cronista, pues, continúa temblando en gran amplitud de onda, porque siente y sabe que para habitar —ya no digamos vivir— en la tal Esmógico City hay que tener en el sufrido cuerpo más corazón aventurero, más temple de ánimo, más habilidad muscular que los de Indiana Jones, por ejemplo... pero ese héroe lo es solamente del cine, ¡y así cualquiera posa en modo heroico!