Carta de Esmógico City

También el cronista habla del Papa

El cronista, que ejerce el ateísmo en modo nada militante, pero firme, sin violencia ni siquiera verbal y con marmórea serenidad mental, declara que, como muchos conciudadanos, se interesó en la visita del papa Francisco al país, que es de calidad histórica, y logró ver al susodicho durante tres minutos sin recurrir a la televisión ni a salir de casa para apretujarse hasta la mera bidimensionalidad en la multitud fervorosa, pues el recorrido del "papamóvil" desde el aeropuerto a la casa de la Nunciatura incluyó el tramo de la avenida Río Mixcoac frente a la cual, y con pocos metros de distancia, hay una amplia ventana del domicilio del cronista. Así pudo éste comprobar que el Papa existe, que es un señor de apariencia sencilla y afable, pero que resulta algo decepcionante su carencia de señorío que según algunos creyentes debe tener un señor que es emisario del Señor.

Sin embargo, el cronista, a riesgo de ser injuriado por su ninguna fe en entes celestiales, debe declarar que lo abrumó el fervor papista que se ha desatado en Esmógico City cerrando calles de vialidad imprescindible, atronando con voces y ruidos el espacio público y casi monopolizando tiempos en la televisión, la cual, desplazando otras noticias tanto o más importantes que esa visita, emitía una verborrea y un griterío en los cuales la cursilería, la incultura, el lugar común y merenguería fueron excesivos hasta el delirio gustoso de la mayoría y hasta el asco de una minoría en la cual, aun sin ser elitista, no le quedó más remedio al cronista que sentirse incluido.

Además, sea dicho con respeto, no parece bien que el papa Francisco haya hecho sobre las suegras una broma que, aparte de no ser muy original, puede originar la masiva protesta callejera de un Sindicato de Suegras Guadalupanas, movilizar a la "sociedad civil", encrespar a ciertos partidos y causar más caos, irritación y violencia en Esmógico City, ya sufriente de esas desdichas.