Carta de Esmógico City

El conmovedor caso de Rafaela, la autocrucificada

Algunos periódicos y algún programa de televisión hicieron saber al público, y por supuesto al cronista (que es parte del público aunque a veces no quiera, pues lo angustian los amontonamientos de gente con cualquier motivo o pretexto), que la ciudadana Rafaela Romo Orozco, aspirante a una curul en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, se había crucificado ante el edificio del Instituto Nacional Electoral, el cual le habría negado la legitimidad de la candidatura por haber presentado un insuficiente número de firmas apoyadoras.

La ciudadana Rafaela Romo Orozco —quizá animada por el caso de Espartaco, que era adversario del imperio romano, más que por el de Jesús, que no era adversario de nada ni de nadie… pero los dos fueron crucificados por ese mismo imperio— estuvo poco más de dos horas amarrada de brazos a los de una alta cruz, practicando un heroísmo que, aunque breve, no resulta desdeñable, ya que en ese día y en ese rato el sol estaba totalitario.

El caso de doña Rafaela Romo Orozco puede parecer asunto pequeño, anecdótico y hasta cómico, pero al cronista (que desde el principio se confiesa algo cobardón ante lo que pueda depararle su poco futuro restante) lo inquieta hasta causarle insomnio, pues sabe que las mujeres rápidamente hacen una moda a partir del capricho de alguna de ellas, y además sabe que últimamente una no desdeñable parte del ciudadanaje femenino está incorporándose a la vida política, pasando por una etapa curulera. Nada de eso es particularmente temible, considerando que las mujeres deben gozar de derechos humanos e inclusive políticos, pero sí asustaría que prosperase el acto autosacrificial de doña Rafaela. Tortura el alma (y el cronista posee todavía algo de ese “fulgor abstracto”) solamente imaginar que cualquier día de estos, en quién sabe cuántas calles, avenidas, jardines, esquinas, rincones de Esmógico City, aparezca un muestrario de crucificadas porque aspiran a curul o porque sube el costo de la canasta básica o porque apoyan a tal candidato o al candidato contrario… o por lo que sea. Y el cronista se atreve a preguntar: ¿quizá sería porque viéndose heroicamente autocrucificadas creen verse más bonitas?