Carta de Esmógico City

La ciudad que ya mero Requiescat in Pace

Si posí, mi buen cronista —decía el Hijo del Taxista Filósofo mientras con su runflante y heroico y muy concreto carrito "del año de la canica", heredado de su padre, intentaba abrirse paso entre los automóviles, ¿o habría que decir semimóviles?, que se impacientanban en las abarrotadas vías de la avenida Revolución —, aquí, salvo su respetable opinión, un seguro servidor y leal amigo como que ya filosofiza que esta ciudad capirucha nomás ya es puro caos, aunque, como puede usted ver con esos poderosos anteojos que casi parecen los de mi compadre el Cartujo (o séase don Josehuicho, el Martínez Ese, que por cierto ya hace días estrenó otro librito y todavía no me lo regala), pero es un canijo caos cada día más paralítico. La urbe cada día está más congestionada como una ubre (urbe, ubre, ¿ya se fijó que hice un jueguito de palabras?) de vaca furiosa porque le urge que la ordeñen, pero claro está que no se trata de leche (bueno, quién sabe, a lo mejor sí, aunque sería de mala leche, perdonando la expresión), sino de invialidad, de ruidero, de esmog, de gas carbono y cabrón (¿ya se fijó?, me salió otro jueguito de palabras, como que es alarmante, ¿estaré degenerándome en poeta?), y... Órale ya con tanto claxonazo perdí el hilo de lo que le iba yo diciendo, lo que quería yo decir es que esta metrópoli, de tan desmadrosa, o séase salida de madre, ya se fregó, ya casi no sirve, ya agoniza, ya va para cadáver de ciudad, ya casi nomás le falta que la entierren y le pongan la marmória lapidota de RIP (que no significa Revolucionario Institucional Partido, sino Requiescat In Pace, ¿o no?). Y sí, resulta que ya nosotros, los del ciudadanaje, un día vamos a mandarla al carajo, para sentirnos liberados de ella y sus venenos, y así podamos fundar otra Ciudad de México de veras viable, como hecha para seres humanos de los nueve meses a los noventa años y de todos los sexos, del primero al tercero, y hasta tengamos, como gozábamos antaño, cielos cotidianos de puro aire y esplendor sólo frecuentados por los volanderos multicolores papalotes (¿los recuerda usted?) que floten en un horizonte de azul cristalino y... Órale, mi buen, le digo que me estoy asustando porque como que voy degenerando de dizque Taxista Filosofo en dizque Taxista Poeta, y mejor aquí le paro la chacharaca, ¿no, mi buen?, pos... si posí.