Carta de Esmógico City

La ciudad infectada por lo "freak"

El cronista, que es algo aficionado a ver cine de terror y de horror (como el de los fantasmas, los vampiros, los zombis, los cadáveres andantes, los hombres lobos, los monstruos interplanetarios, etc., etc.), declara que le provocó náusea la marcha de zombis y otros freaks que el sábado pasado recorrió el centro de la ciudad, muy a gusto de los marchistas y a disgusto de algunos traunseúntes y choferes que sufrieron una vez más el bloqueo de calles. Tal triste carnaval lo dejó casi a punto de eso que llaman “choc”, es decir shock. Pocas veces el cronista había visto tal cantidad y variedad de personajes del mundo freak, y aclaremos que los susodichos esperpentos humanos no le causaron horror o siquiera terror, sino que con su exhibición de aparentes pero muy visibles y hasta convincentes monstruosidades corporales, le dieron asco (y de
paso hay que decir que el llamado cine de terror o de horror desde hace décadas se ha convertido en cine de mera asquerosidad y motivador del vómito).

Y es que el centro de la ciudad de Esmógico City, que acaso fue, ¿hace siglos?, una urbe muy viable, vivible y visible, a veces hasta con el picor de una gracia vulgar, se está hinchando cada vez más de agresiones audiovisuales, aunque algunas se presenten como “estética rebelde”. Ya causa repugnancia el ver muros y paredes agraviados con graffiti insultantes e inortográficos, con “mensajes” dizque inconformistas en unas letras gordas que parecen intestinos repletos. Ahora, aunque el cronista reconozca el derecho universal de vestirse o desnudarse o disfrazarse o pintarrajearse de modo asqueroso y manchar muros con injurias, gracejadas, fanatismos de la anticultura y de la vulgaridad sin gracia (pues también hay una gracia de lo vulgar), ahora, pues, aunque el cronista asume que todo eso es muy humano y hasta poético según los fans de la “contracultura”, también se sabe en su derecho de mostrar su desagrado, su neurosis o (si se prefiere así decirlo) su rabieta ante esa explosión demográfica de la imbecilidad, el pobrediablismo y lo repugnante.