Carta de Esmógico City

¿Fuera del circo los animales?

Creía el cronista que una marcha de cirqueros por una gran avenida citadina sería una abigarrada y colorida ocasión de alegría, pues la sola palabra circo (siempre que no se trate del “circo romano”, que era cosa de sudor, pugidos y sangre para gloria, en el cine, del pesado Charlton Heston) nos devuelve a felices horas de la niñez en que asistíamos al hermoso espectáculo bajo la circular carpa en cuya cúspide hay un redondo agujero central para que supuestamente por allí se asome Dios a gozar de la función sin pagar boleto.

Pero no era festiva la marcha cirquera de ayer por céntricas avenidas hacia el  protestódromo mayor de la ciudad: la plaza del Zócalo. Esos cirqueros (aunque no lo demostrasen, pues tienen el orgullo de ser profesionales de la producción de alegría) marchaban en son de protesta porque los curuleros, los legisladores del DF, han decidido prohibir la actuación de animales en los circos. Lo cual, claman los cirqueros, equivale a la muerte del espectáculo circense y, en consecuencia, a dejar sin trabajo a muchos miles de artistas y empleados de todas las categorías.

El cronista se rasca la cabeza ferozmente picada por el peor parásito: el de la duda, y no sabe si aplaudir a la curulería legisladora o si apoyar a los alarmados cirqueros. Y es que el cronista recuerda la tristeza que le motiva ver a los animales, últimos seres inocentes de este mundo, trabajando y,¡horror!, esforzándose bajo látigo o bastón en imitar a los seres humanos (lo cual los envilece o por lo menos los degrada). Y a la vez también recuerda el cronista su contento de saber que en diferentes ocasiones un león se había zampado la cabeza de un domador y que una elefanta fugitiva había pateado y reventado contra el muro de una calle a un ciudadano imbécil que creyó chistoso jalarle la cola.

Al cronista le indigna que se torture a los animales “humanizándolos” como artistas circenses, cuando son dignos y graciosos por su cabal animalidad, pero también sabe que la gente de circo los cuida excelentemente y, en casos como los tigres de Bengala, los preserva de la extinción.

Por eso, ay, la duda sigue picando en la crisma del cronista: ¿animales o no animales en el circo?