Carta de Esmógico City

El argumento sólido del taxista

Noposí, mi buen —me dice el Taxista Monologante mientras en el tosijoso automovilucho huimos del centro enredoso de la ciudad—, esta canija Esmógico City, como usted la apoda, es una urbe asesina, pues ya a cada rato y por doquier suenan las pistolas, ¿a poco no? Digo, se habrá usted fijado que la eterna moda es matar gente en bares, antros, cabarés y similares espacios sagrados de la beberecua, el putaje y el desénfreno (¿acentúo bien la palabra, don?), y es que no hay semana en que falte la nota roja (así se le dice por sanguiñolenta) para informar que un cuate, o mejor dicho un individuo herido, o de una vez cadaverizado de un plomazo, quedó horizontal en el innoble piso del dizque inocente lugar de esparcimiento. Y, posí, allí fue la cosa porque quizás resulta que en la argumentación con el otro tipo hay un brusco intercambio de insultos,o uno de los susodichos decide argumentar sólidamente y saca la tiroteadora y ¡pum!, ahí yació el cuate, tendido, quietecito y calladito pero no bonito… Ahí tiene usted, por una cosita de nada se desgraciaron dos vidas…—Sí, caray —dice uno, atreviéndose a iniciar el imposible diálogo—, no todos somos ciudadanos civilizados y despistolados.

—Con perdón, don—dice el taxista y saca de la guantera una pistola—. Me ha de excusar, pero acá sí traigo una buena discutidora… No es por nada, pero luego en este oficio le toca a uno un cliente alcoholizado hasta las manitas, que se pone pesado discutiendo que si por tal rumbo no, que si el taxímetro está pasado de precio, que le caigo gordo porque no platico ni lo acompaño en los sentimientos, o que cómo lo estoy viendo feo, y entonces, puesto que uno no es de palo, se ve en la obligación de aplicarle un correctivo a un jijo de su mamá …, en fin, al tal asaltante a la razón, ¿o no, mi buen?... y bang-bang! se horizontaliza un ciudadano trabajador y decente, buen esposo y buen padre de numerosa chamaquiza, pero algo necesitado de darle gusto en desparpajado sabadito alegre al cuerpo oprimido durante buti horas de trabajo; y por efecto del ¡bang-bang! otras dos vidas se desgraciaron gracias a la cabrona violencia de costumbre… Noposí, le digo.