Carta de Esmógico City

¿Son antros, o centros, o adentros?

Qué cree usté, mi amigo —le dice el peluquero erudito al cronista mientras con una musiquita de tijeras como pío pío de pajarillos metálicos le recorta las pocas canas que a éste le quedan a modo de cobarde melena—, me gusta averiguar de qué van y vienen las palabras que usamos todos los días, porque en cualquier momento a uno le dicen o uno lee tal palabrita que dizque significa tal o cual cosa, o tal o cual idea, y se va uno con la finta creyéndoselo, y luego resulta que en sustancia no le dijeron eso, sino algo muy distinto, y a veces hasta todo lo contrario. Lo cual se presta de mil maneras a que lo hagan a uno guaje, por no decir que lo hacen güey, ¿no? Y nomás piense usté que precisamente trabaja con las palabras (pues eso es principalmente escribir, creo yo), piense, digo, lo que sucede en lo respective a las discotecas que frecuenta la incauta chaviza y que les llaman antros (si es que todavía las llaman así, pues el habla del pueblo cambia, se altera, se transforma día con día, a veces hasta hora con hora). Y ¡órale!, ¿y por qué antros? No ha de ser porque esa palabra que, según el prestigiado tumbaburros que tiene un servidor en la casa de usté (el Larús Manual Ilustrado, nada menos), signifique “local frecuentado por personas de mala reputación”, la cual fama negra no creo que pueda aplicarse a todos los chavos aficionados al rock y el dizque baile. O bien será porque en segunda acepción la palabra significa “vivienda sucia”, cosa que tampoco, porque puede que sucio sí era el local, pero no era de vivienda sino de rock y del agitado baile como de enfermos de perlesía. En fin, quién sabe por qué será, pero yo me pregunto, y le pregunto a usted, qué cosa, a final de cuentas, significa antro. Porque, además, ya en la apoteosis de la confusión, he oído decir a otro erudito que en el Himno Nacional, allí donde cantamos “y retiemble en sus centros la Tierra” no debe decirse centros, pues la Tierra, como cualquier planeta que se respete, solo tiene un centro, y tampoco antros, como los de ahora, pues en esos tiempos en que hicieron el himno no había tales lugares para el esparcimiento de la chaviza. Y yo nomás digo que ha de ser dentros, o tal vez adentros, pero… quién sabe, porque a veces la erudición es como la selva densa y oscura que inquietaba a nadie menos que al Dante, pues.