Carta de Esmógico City

¿Y ahora… taxis maricones?

La Semovi (que es la Secretaría de Movilidad, instituida para curar a Esmógico City de la humeante, estruendosa, inexorable parálisis peatonal y vehicular hacia la cual “progresa” la ciudad capital), ha publicado en la Gaceta Oficial las nuevas características cromáticas que habrán de tener los taxis. Dice allí la prosa oficial:

“Para garantizar la inmediata y precisa identificación de los vehículos con que se presta el servicio de transporte público individual de pasajeros Taxi en el Distrito Federal, y con ello dar certeza y seguridad a los usuarios y a la población en general, es necesario establecer una uniformidad de colores, rótulos y medios de identificación de dichas unidades.”

Y ¡zas!, ya desde ahora queda establecida la nueva estética que regirá sobre los taxis. Es decir que desde ahora los tales vehículos de alquiler deberán abandonar los cálidos colores marrón y dorado con los que se lucían para, en cambio, adoptar el tibio color rosa en la parte superior de la carrocería y el frío color blanco (si el blanco es color) en la parte inferior.

La nueva estética para los taxis no ha dejado contentos que digamos a los taxistas, quienes, aparte de objetar los gastos que implicará la sustitución de colores, tienen algunas objeciones… digamos de orden estético. Va de muestra el rezongo del taxista que anoche transportaba al cronista.

—¡Rosa y blanco, jefe!, pinches colores merengosos! No, qué, ora sí que pior que merengosos.¡Colores maricones, colores como para que uno parezca hacer una invitación medio jotona: “ay, tú, súbete a mi carruaje, muñecón, rey de reyes”. Y puesto que según te vistes te consideran, y la carrocería es como quien dice una parte de nuestra ropa, nomás imagínese cómo nos van a considerar, mejor dicho a desconsiderar a los taxistas, que ya bastante mala fama y malos tratos tenemos que sufrir. Bien estaría que esos colores fuesen para las mujeres taxistas, pero ¿para los que somos taxistas machos? ¡No se vale! Luego van a querer que pongamos olancitos en la carrocería  y que recibamos al cliente con un¡fuiiit-fiiiu! medio jotón. Y ¿usté qué opina, jefe?

El cronista murmuró que lo del blanco y rosa le parecía cursi y una opinión tan blanda le resultó sospechosa al taxista, pues de cuando en cuando gruñía y farfullaba que “de que los hay, los hay”.