Carta de Esmógico City

Turismo acuático, ¿el porvenir de la ciudad?

Noposí —dice el fantasma del taxista filósofo que ha llegado a ofrecer servicio conduciendo su carcachón WW, otro fantasma flotante—, ora sí que recuerda uno al ínclito Charro Cantor (¿cómo qué cual?, a poco no se acuerda usté, ¡don Jorge Negrete, pues!) cuando, comiendo una tuna sin espinarse la mano, cantaba aquello de “Guadalajara en un llano, México en una laguna”. Solo que si don Jorge reviviera en las pantallas de televisión y de cine y en las radios y en las viejas y coloridas y sinfonolas sobrevivientes, yo creo que tendría que cambiarle algo a la letra de la canción esa, que al parecer es fruto nacido del mero anónimo corazón popular (así que no hay que pagar copirráit), y ahora don Jorge cantaría algo así como “Guadalajara en un llano, México en un mero charcote”. Pues si antes nuestra amada ciudá se hallaba sobre una gran laguna, ahora se esparce y se expande en buti vías de agua, pues, ya usté sabe, estamos teniendo lluviotas generosas que forman un titipuchal de charcotes reportados por la red de estaciones pluviométricas en quién sabe cuántas delegaciones, con lo cual ya parece que los esmogicanos estamos volviendo a los prehistóricos y muy acuosos días de nuestros ancestros, los ciudadanos de la gran ciudad orgullosamente prehispánica, o sea de cuando vivíamos circulando por canales que eran calles líquidas, y pescando y alimentándonos de sabrosos charales y ranas y sapos y ajolotes y quién sabe cuántos seres pululantes en las maternales aguas. Y si esto sigue así como va la cosa, al rato los heroicos profesionales del volante vamos a tener que cambiar nuestras heroicas unidades por lanchas y botes y chalanas y canoas y chalupas y trajineras o, en fin, cualesquiera chingamusas que floten. Lo cual tal vez sería un retroceso de la modernidá tan difícilmente conquistada, ¿no?, pero resultaría magníficamente compensado por el incremento del poderío folclórico y turístico de la ciudá, y hasta sin causar contaminación.

¡Esmógico City, extensión del lindo Xochimilco, con buti mariachis acuáticos que amenizarían a los visitantes derramando todo un colorido y húmedo folclor (incluido el mexican rock)!