Carta de Esmógico City

¡Taxistas unidos, jamás serán vencidos!

El taxista monologante, conocedor de la ciudad desde su muy sensible, perceptivo y racional vehículo, invade la oreja del cronista con este murmullo que acaso valga la pena transcribir, pues no nomás los pululantes peatones hemos de tener derechos (y tenemos pocos pero, eso sí, inmerecidos aunque necesarios):

—Me extraña que desde hace años dedique usté su columna semanal de Mileño a tratar los problemas de la ciudá y no se percate del problema mayor del asunto, y es que las calles y avenidas y todas las rutas de la vialidá urbana de cualquier parte del mundo no están únicamente (como debería ser) para la circulación de nosotros los vehiculadores, es decir los conductores de automóviles, de autobuses, de micro y macrobuses, de camiones materialistas y de taxis, etecé, etecé, sino que además los ciudadanos meramente peatones, con una irresponsabilidad propia del 99 por ciento de su excesiva muchedumbre, se empeñan en utilizar dichas vías y no solamente caminan por las aceras (o banquetas) que son siempre demasiado anchas y le roban espacio a los indispensables vehículos motorizados, sino que a veces los tales individuos, afectos al bipedaje (y, favor de no ofenderse, quiérese decir que se vehiculan meramente sobre sus pies), invaden el arroyo, disque por necesidá y a veces pura necedá, y cruzan de una esquina a otra, cuando no a la mitá del espacio entre las susodichas, y nos estorban feamente obligándonos a frenar con un horrible chirrido, y a veces motivan el choque entre el noble metal y la vil carne y, pues son tan chocantes, y de material harto deficiente, puede suceder que los dejemos planchados en el vil suelo, y luego la autoridá quiere cobrárnoslos como si fuesen gringos o suizos, y yo lo digo para que usté deje de hacerse pato y lo escriba en su columna y no nomás esté tan partidista del PRP, esto es del Partido Reaccionario de los Peatones, y si no nos hace usté caso los maistros del volante pondremos plantón de siglos en Balderas y a la puerta misma del Mileño y entonces vamos a ver de a cómo nos toca, posqué.