Carta de Esmógico City

Reaparece trenecito camotero

En el anochecer del día de los Reyes Magos el cronista tecleaba una porción de prosa alimentaria cuando sonó un pregón no verbal pero casi humano que parecía venir de una ciudad de México afantasmada por muchas décadas en la fuga hacia el pasado.

El lamentoso y a la vez desafiante sonido resultó identificable: era el chiflido entre melancólico y heroico de un carrito de vendedor de camotes y plátanos asados; un pitido bitonal tal como se le oía en los barrios de una Ciudad de México que aún no era Esmógico City. Era como el suspiro agónico de aquella ciudad que aún se situaba en "la región más transparente del aire" en tiempos en que casi ni se presentía la actual pesadilla de la atmósfera podrida por el esmog.

La nostalgia traidora (por inútil) lanzó al cronista a la ventana a atisbar al "trenecito camotero" inexplicable en el rumbo. Y tras el cristal, entrevió, en el cercano tramo de la avenida Río Mixcoac cruzado por la avenida Universidad, al vehículo empujado centímetro a centímetro por el heroico camotero que con su humeante "máquina" se esforzaba en abrirse camino entre la marabunta de autos, taxis, autobuses y camiones que, detenidos intermitentemente por los semáforos del cruce de avenidas Río Mixcoac y Universidad, runflaban, petardeaban, tosían, claxoneaban por llegar... a otro cruce de semáforos.

¿Cómo se metieron el camotero y su carrito o trenecito o, más bien, su fogosa carcachita, en aquel lento torrente de potentes automotores? ¿Cómo pudo el trenecito camotero surgir al tiempo presente desde un tiempo fantasmal? A saber, pero el bitonal ululato de la chimenea pregonera ya no era meramente melancólico, era trágico, como pidiendo socorro. Y el cronista podría apostar a que ninguno de los chamacos de la colonia Florida salió a comprar aquellas humildes golosinas, pues, en el caso, nada raro en el rumbo, de tener el chico algún papá monetariamente solvente, estaría jugando con algún artilugio electrónico de los de hoy. Muy su derecho del ciudadanito del siglo XXI, pero cómo sonaba el aullido de la locomotorcita camotera reaparecida quién sabe cómo ni por qué en tal rumbo de Esmógico City.