Carta de Esmógico City

Impúdica declaración pública

De veras abotargado por una insolación de rubor, el de la voz (que en esta ocasión es el cronista) se declara culpable, pues cada vez es menos un peatón banquetero, esto es un caminante por las banquetas o aceras de Esmógico City, y en cambio es cada vez más un peatón arroyero o, en otras palabras, un audaz e irresponsable caminante por el arroyo o parte central de la calle, la zona destinada al paso de los vehículos automotores. Tal conducta (lo confiesa el la voz, aunque en tales casos acostumbra, por lo menos, ir por la orillita del arroyo y pegadito a la orillita de la banqueta) es condenable y poco menos que criminal, pues con su incorrecto y desparpajado modo el peatón estorba el fluir de los sufridos automóviles y autobuses y microbuses y metrobuses y camiones y tráilers, etc., y esos infelices vehículos se ven por ello en riesgo de que, si ocurre un choque con el imprudente peatón salido de su (digamos) espacio natural, se les abolle a los tales vehículos automotores la carrocería, y eso sale caro.

Pero si el de la voz, contrito y con la cabeza baja, reconoce su reincidencia en ese delincuencial proceder de urbanícola, debe también declarar que si frecuentemente camina por el arroyo de las calles capitalinas es porque a eso se ve obligado, pues las banquetas de un 75 por ciento del Centro de esta Esmógico City suelen (además de hallarse en mal estado y ser muy tropezadoras) estar ocupadas por diversas especies de vendedores llamados ambulantes, aunque no ambulan nada, pues comercian desde hileras a veces dobles de puestos fijos y por ello dificultan el paso del peatón, de modo que éste, arreglándoselas como puede (y como no debe), se ve obligado a “transitar” delincuencialmente por el arroyo.

Así que o arroyo o banqueta, that’s the question, como hubiera dicho el muy dubitativo príncipe Hamlet si (¡ni modo, oh pálido hermano!) le hubiera tocado vivir aquí. Y el de la voz, o sea el cronista, infectado por una melancolía de acomplejado urbanícola, pues se sabe pospuesto como peatón y humillado por los imperantes modos y costumbres viales de Esmógico City, se pregunta si hay algún remedio a la tan problemática situación.