Carta de Esmógico City

Divagaciones navidosas (II)

Por su mucha edad que lo sitúa ya más cerca del Más Allá (que tal vez es abstracto) que del Más Acá (que al parecer es concreto), el cronista, para no melancolizarse, suele resistirse a los envejecedores placeres de la nostalgia, pero, ¡gulp!, llega el helador y ululante diciembre con los ritos del folclor navideño, con las mundiales celebraciones del nacimiento del Redentor Número Uno de la Humanidad, y entonces el cronista (tratando esforzadamente de sentirse como el lejanísimo chamaco que fue en tiempos de ingenuidad, es decir de bobería) tristemente sabe que, por causa de la espiritual, jubilosa  y algo juergosa presión del decembrino ambiente celebratorio, deberá ponerse siquiera un poquito navidoso, aunque no se dedique a rezar durante los nueve días desde la fecha del nacimiento de Jésús hasta la fecha de la llegada de éste al pesebre de Belén y por extensión al mundo. De modo que, aunque tampoco se ponga a hacer el estentóreo idiota cantando cascabeleramente eso tan monótono de que “beben y beben y no dejan de beber los peces en el río por ver a Dios nacer”, el cronista se resigna, para que no lo miren feo los vecinos, a  poner en la puerta su adorno alusivo: un Santaclós cocacólico,o un venadito disneilándico o una corona de ficticio laurel, a erigir en la sala su arbolito de plástico pero verde que te quiero verde y cargado de esferitas de todos los colores, a berrear con los vecinos en peregrinación por el patio del condominio eso de “en el nombre deeel cieeelooo os pediiimos posaaadaaa” y “entren santos peregrinos”, que los chistosos pronunciarán “santos perros gringos”, y a intentar quebrar una piñata que en realidad quebrará la cabeza del cronista.

Pero las posadas ya están muy demodées, y la Navidad ya casi solo se celebra en estilo de francachela, beberecua y horrorrock, en el caso de que no sea meramente viendo por la tele cómo los famosérrimos (que diría la China Mendoza) celebran la Navidad en plan de precisamente francachela, beberecua y horrorrock, trasegando amarillenta y burbujosa sidra “El Gaitero” que dizque de champagne “de la Viuda” y creyéndose imbuidos de navidosísima alegría y… ¡ulalalá, and happy new Christmas, posqué!