Carta de Esmógico City

Divagaciones Navidosas (y IV)

Una señorita o señora Rosa de Niebla, que quién sabe si usa un seudónimo poético o si así se llama en realidad (pues el apellido Niebla está documentado en el Diccionario Etimológico Comparado de los Apellidos Españoles, Hispanoamericanos y Filipinos, del muy erudito Gutierre Tibón y de la editorial Diana, México, 1988), ha obtenido, quién sabe cómo, la clave del correo electrónico del cronista y le envía a éste un dolido y heridor mensaje en el que, además de llamarlo “rojete sin Dios”, “baboso chistoso de cantina” y “fanático ateo”, lo culpa de participar en una “conjura de intelectualoides anticristianos que pretenden destruir la verdadera fe religiosa del pueblo mexicano, que es la cristiana, burlándose de sus más ancestrales tradiciones, como es la celebración de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, así llamado por haber sido crucificado sin más culpa que la de haber nacido para el bien de la humanidad”.

Gulp, el cronista no sabe qué hacer: si llorar por el castigo o defenderse como ciudadano calumniado, pues él no ha denostado ni la fe de nadie, ni a Jesucristo ni a la Navidad. Él sólo ha pergeñado unas crónicas (malas si se quiere, pero sin mala intención) de los modos de comercializar la fiesta navideña; fiesta en la cual el cronista participa a su modo, pues es cristiano, en el sentido de pertenecer a la cultura cristiana. Y, a la vez, el cronista se siente obligado a señalar que, aunque no duda de la participación de doña Rosa de Niebla en la “verdadera fe religiosa del pueblo mexicano, que es la cristiana”, siente que la señorita o señora está no poco equivocada acerca de Jesucristo, pues, para comenzar, cree que la palabra cristo significa crucificado.

Y, ni modo, hay que pedantizar poniéndose algo etimológico. Cristo, palabra derivada de la voz latina christus, significa haber sido ungido, y particularmente ungido en la crisma, o sea untado con aceites bautismales en la cabeza.

De modo que Jesucristo es Jesús el Ungido.

Y…, en fin: ¡tenga usted Merry Christmas, o, mejor, Feliz Navidad, señorita Rosa… aunque sea en su Niebla!