Carta de Esmógico City

Divagación (o delirio) sobre la palabra ‘candidato’

Parpadeante de asombro, o tal vez de irritación ocular (que suele parecerse a la intrusión de basurita en uno de los ojos, solo que en este caso en modo doble), el cronista, mero ciudadano peatonil de su amada/ odiada Esmógico City, advierte la multitud de candidatos que ya han comenzado a anunciarse pidiendo la preferencia del ciudadanaje en diversos modos (carteles, pancartas, mantas, pegatinas, volantes, carros de sonido, spots de radio y televisión, etcétera). Como a veces una palabra demasiado repetida de pronto se hace extraña, vacía de significado, el cronista corre a su casa y a su bibliotequita, consulta el diccionario de la Real Academia Española (la RAE) y halla tres acepciones de la palabra candidato: la primera: “persona que pretende alguna dignidad, honor o cargo”; la segunda: “persona propuesta o indicada para una dignidad o un cargo, aunque no lo solicite”; y la tercera…

Oh, la tercera acepción, acostumbrada entre argentinos y uruguayos, es la de “persona cándida, que se deja engañar”. Lo cual hace que el cronista sospeche (sin ser vicioso de sospechosismo, conste) que esos sudamericanos tienen un problema de dicción y dicen “candidato” a quien aquí en México y en otros países de habla española llamaríamos “candidazo” o “candidote”.

Pero aun así las interrogantes del cronista quedan insatisfechas. Entonces acude al Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, Joan Corominas, y halla que “cándido” significa en primera instancia “blanco”, “sin malicia” y “candoroso”… Y, ¡gulp!, ¿eso definiría a “nuestros” candidatos?

Entonces el cronista, aún insatisfecha su casi febril sed de significados, encuentra que, por lo menos hasta ahora, carece el susodicho lexicón de la RAE de una acepción más de las ya anotadas, y, disculpándose por si alguien se molestase, le parece que podría ser ésta:

“Candidato: persona que, aprovechando el candor o la candidez de otras personas, se propone y a veces logra obtener un cargo o puesto de dignidad (o indignidad) pública… el cual con frecuencia resulta ser ventajoso para dicha persona y sumamente desventajoso para sus electores, es decir los candidazos o candidotes”.