Carta de Esmógico City

¿Claxoneros y peatones en guerra?

Puede ser que en su casa el cronista, como cualquier ciudadano, tenga derechos de circulación, pero teme que la calle sea cada vez más del automovilista claxonero, o sea el que toca muy fuerte y seguidito el claxon porque esa es su vocación, la razón de ser que heredará a sus chavitos (a quienes ya les regaló claxoncitos para que vayan entrenándose).

Personajazo, el claxonero. Desde que despierta ya desea andar claxoneando por la vida, y, apenas ha puesto en marcha el “carro”, empieza a claxonear para que sepan sus vecinos que si él acaso no tiene un vehículo último modelo, en cambio goza de la propiedad y el uso del claxon más ATM (es decir más A Toda Máquina, o A Toda Madre) de todos. Y apenas pone marcha su monstruito de cuatro ruedas el claxonero ya se relame pensando en los peatones a los que espantará y atarantará a golpe de claxonazo por aquí y claxonazo por allá y acullá.

“Ah —susurra el claxonero—, pinches peatones, son tan retrógrados que ni vehículo que ponerse tienen los muy güeyes, y ni siquiera claxon que los dignifique, pero uno les tiene alguna compasión y solo por un descuido sucede que deja a un peatonejo planchado contra el suelo. Aunque si esto ocurre es por culpa mayor del peatón, pues conste que uno ya le advierte con el claxon, pero va el güey y se atraviesa nomás porque vio enfrente la luz verde, y cruza alocadamente de banqueta a banqueta sin la menor consideración por el automovilista, que va preocupado de llegar a la chamba a prolongar la hora del coffee break comentando con los otros chambistas (también virtuosos del claxon) lo intransitable que está la pinche ciudad con la explosión demográfica de ciudadanos de segunda clase, o séase los que no tienen carro que ponerse pero se creen con derecho a peatonar por aquí y allá y acullá y… luego,¡chin!, el claxonero deja laminado contra el suelo a un peatón que, aunque sea naco, se lo cobrarán como suizo o sueco o siquiera gringo.”

Y el cronista, peatón cuando no es metronauta, sueña con que se autoricen claxons para peatones, con los cuales si acaso no se intimidará a los automovilistas, al menos se les podrá echar un ¡tata-tatata! que el inteligente lector ya se imagina qué significa.