Carta de Esmógico City

¿Ciudad de México o Esmógico City?

Los antiguos y las antiguas, que eran de bigotazos de manubrio o de mucho corsé y pompón atrasito, también eran muy refraneros, y encapsulaban su experiencia en frases hechas que les evitaban la molestia de expresarse inventando frases originales, así que repetían que cada quien habla de la feria según le va en ella.

El cronista cree que se debe actualizar el refranerío universal para hacerlo vigente, y propone como ejemplo un “nuevo” refrán acerca de nuestra (¿nuestra?) ciudad capital:

“Cada quien habla bien o mal de Esmógico City según le haya ido en ella”.

Pues en tal ciudad lo mismo cualquiera puede haber hallado a la mujer o al hombre de su vida y vivir con ésta o éste una felicísima vida conyugal (lo cual a veces sucede, de veras); o bien el ciudadano de automóvil se encuentra una y otra vez detenido ante un plantón y cierre de calle, realizado por ciudadanos indignados por alguna causa (que puede ser la de protestar por la inseguridad o porque en sus casas tienen goteras) y sucede el llegar tardísimo al empleo o a la cita… o, en un peor de los casos, el vehículo es conducido por un falso taxista que en realidad es un profesional o amateur del secuestro, el ahora más popular deporte citadino, y en consecuencia… (Ahorrémonos el horror imaginable en esa situación).

El cronista hace su proposición de refrán “intervenido” (palabra que ahora suele sustituir a la antigüita de “modificado”) porque hay lectores, de los pocos que el cronista merece, que suelen criticarle el escribir demasiado bonito o demasiado feo de la ciudad en la que unos ciudadanos viven tratando de creer que están en la mejor ciudad del mundo, mientras otros piensan que apenas subsisten en la peor del orbe. Pero…¡ni modo!, el cronista se hace responsable de lo que escribe, pues lo mismo puede vivir en una ciudad relativamente vivible en la que, anteayer, día en que, por lo menos en algún rumbo, milagrosamente exhibió cielo azul y regaló aire algo respirable, que habitar en  Esmógico City, una de las ciudades más asfixiantes y menos transitables, donde, además, el ciudadano, sea cual sea su condición económica, su edad o su sexo, resulta cada vez más secuestrable.

Y no es que el cronista hoy esté en modo optimista o pesimista, sino que… es habitante de Esmógico City, pues.