Carta de Esmógico City

¿Capitalinos, mexiqueños, ¿chilangos?... ¿o qué, pues?

En fin, ya está, y puede ser que no haya marcha atrás, porque la población de la que ahora es ciudad-estado y ya se llama Ciudad de México no es una muchedumbre de cangrejos (los cuales, por cierto no suelen andar hacia atrás, sino más bien de lado, y hasta se dice que, cuando uno de esos crustáceos estrenó el esnobismo de caminar retroactivamente, los demás lo tundieron con una pamba mortal... por dizque reaccionario).

El hecho comentable hoy es que desde el 29 de enero, y por gracia de un decreto soñado por décadas, los exdefeños hemos desaparecido del mapa para reaparecer con otro nombre: un posible nuevo gentilicio.

Ya entre los internautas surgen especulaciones acerca cómo desde ahora nos llamaremos los habitantes de esta ciudad capital. Y van por orden alfabético tres de los acaso muchos gentilicios posibles:

1) capitalino, que es demasiado general, pues también pueden usarlo, a su antojo y en su derecho, los madrileños, los parisinos, los londinenses, los moscovitas, los pekineses, etc.

2) chilango, que puede prestarse a confusión pues se les llamaba así a los que vienen de otros estados y se quedan aquí para ir "capitalinizándose", aparte de que algunos lo consideran un término ofensivo, quién sabe por qué.

3) mexiqueño, que es elegante porque la letra Ñ es exclusiva del idioma español, y además suena como en cariñoso, y eso no es cosa mala ¿o sí?

Y el cronista, aunque inquietándose por el futuro decreto que oficialmente nos gentilice, ya ha hecho su elección y quizá se aferre a ella, digan lo que digan las autoridades gentilizadoras. Él está (por ahora, pues acogerá con gusto una nueva proposición que le haga tilín) a favor de la voz chilango, que le parece graciosa y hasta gallarda, aun si es algo picante, picosa y picuda. Y si hay capitalinos exdefeños que la objeten por parecerles despectiva, no olviden que, en tiempos atrás, los humildes hombres y mujeres del pueblo francés, que hicieron una Revolución de la cual aún nos beneficiamos (por aquello de los Derechos del Hombre), al oír que se les insultaba llamándolos sans-culottes (literalmente "sin-calzones"), adoptaron orgullosamente el mote como una especie de gentilicio social más que urbanístico.

¡Viva, pues, la chilanguería... o la chilangada, as you like it!