Carta de Esmógico City

¡Ah, la solución patafísica!

Ni orgulloso ni avergonzado el cronista admite, sin pregonar, que es patafísico, es decir practicante de la Patafísica, la Ciencia de las Soluciones Imaginarias,y, tras considerar, muy sesudamente y barbilla en mano, las molestias que al ciudadanaje de todo pelaje le está causando el acampamiento (al parecer ya from here to Eternity) de la tribu de los maistros al pie del Monumento a la Revolución y, en la mera Plaza de la República, y, en vista de que al parecer ni ciudadanos ni gobernantes ni maistros se ponen de acuerdo para resolver el conflicto, se atreve proponer su idea de resolución del conflicto.

Se trataría, dicho en pocas palabras, de convencer a la susodicha tribu de instaurarse formalmente en una Soberana República de la Plaza de la República, la cual mediante democráticas elecciones tendría un gobierno tan incipiente y flamante que sin duda se interesaría en establecer buenas relaciones diplomáticas con el gobierno de la rodeante República Mexicana para poner fin a la actitud un tanto hosca y repelona que hasta ahora dicha tribu ha mostrado. Así, tras una suave negociación en el modo de la alta diplomacia se llegaría a los acuerdos de política urbana, laboral, comercial y sindical que regirían la relación entre los dos Estados, y todos, gobiernos, presidentes y ciudadanajes de todo pelaje quedarían contentos y acaso hasta felices.

—Pero imaginemos —le susurra al cronista un ciudadano que suele espiarle hasta los pensamientos (pero con mucha discreción, eso sí)—, ¿y si, después de haber llegado a tales acuerdos, e incluso a algunas concertacesiones, no le da la gana al Soberano Estado de la Plaza de la República de abandonar la tal actitud hosca y repelona?

—Entonces —dice el cronista—, se acordaría con el gobierno de la República de la Plaza de ídem una ruptura de relaciones, y tal vez una guerra meramente virtual, para que salga correcta en la televisión…

—¿Y¿qué se ganaría con eso?

—Ah, eso no me corresponde a mí responderlo... Yo ya dije que soy patafísico y solo sé de posibles soluciones imaginarias…

—Pues… ¡chin!

—Sí, ¡chin!