Carta de Esmógico City

Acerca de la bicicleta, las drogas y ‘lo familiar’

La bicicleta —ese ligero y gracioso animal artificial entre los pocos creados felizmente por el hombre, o, hablando menos metafóricamente, ese medio de transporte de dos ruedas que requiere la sola energía del cuerpo humano— siempre ha gustado al cronista, aunque él no ha sido titulado en ciclismo, pues no habrá montado una bici más de unas cuatro o cinco veces… y en todas fue torpe hasta lo lamentable y lo risible.

El cronista recuerda que tanto los escritores Juan José Arreola, Ernest Hemingway y Julio Torri como el científico Albert Einstein y la actriz de cine Marilyn Monroe practicaron ese deporte que acaso en realidad sea un arte; y H. G. Wells, autor de La máquina del tiempo y de La guerra de los mundos, decía que al ver a una familia haciendo ciclismo en la entonces neblinosa Londres había recobrado la esperanza en el futuro de la humanidad; y el poeta y ensayista Gabriel Zaid escribió un manual de lectura en bicicleta; y, por su modesta parte, al cronista le gusta ver a una familia vecina (padre, madre y dos hijas) salir todas las mañanas a pedalear por los alrededores; lo cual, en este último caso, prueba que el ciclismo, generalmente entendido como ejercicio individual, puede ser también una digna pasión familiar.          

¡Todos a pedal y fibra, pues!, pero, tras leer un reciente reportaje, el cronista recuerda que cualquier palabra puede estar cargada de muchos sentidos, y que aun el noble, tierno y “arropador” adjetivo familiar no siempre merece elogio. He aquí, como ejemplo, lo que hace pocos días básicamente informó la reportera Leticia Fernández:

En la Ciudad de México 80 por ciento de las bandas de narcomenudeo están conformadas por familias enteras: padres, abuelos, hijos, tíos, niños. La semana pasada ocurrió la detención en Xochimilco de una familia distribuidora de droga y en los archivos de la Procuraduría General de Justicia del DF resaltan otros casos en que el narcomenudeo se ejerce como un negocio en el que entran todos los parientes, pues la venta de drogas en tienditas caseras o en callejeros puestos de dulces es la solución a los problemas económicos precisamente familiares.

Cuidado, pues, con los casos que “bipolarizan” cuando no “multipolarizan” el sentido tan bonito y tierno de lo familiar.