Carta de Esmógico City

¿Aceras, o banquetas, o…?

Los españoles las llaman aceras, los centroamericanos las llaman andenes, los cubanos, veredas, los colombianos, alares, y en México las llamamos banquetas. ¿Por qué banquetas, si no son banquitos bajos o taburetes para descansar los pies, o resguardos de los declives de las zanjas? El cronista recuerda que el poeta español y exiliado Emilio Prados, cuando, recién llegado a esta ciudad, descendía del taxi frente a una casa de pensión en el mero centro citadino y dejó el equipaje en el suelo para pagar la “dejada”, se desconcertó, se asustó, se creyó en un país absurdo, al oír al taxista esta frase enigmática:

—Jefe, no deje los velises en la banqueta, porque se los vuelan.

Emilio supo un día que jefe era “señor”, velises eran maletas y “se los vuelan” significaba se los roban, pero no supo por qué los mexicanos llaman banqueta a la acera (la vía lateral y alzada de la calle, reservada a la circulación peatonil).

El cronista tampoco lo sabe pero oye a un amigo filólogo susurrar una teoría al respecto, la cual va más o menos así:

En otros tiempos, los indios dizque bajados del cerro a tamborazos se sentaban en tales sitios para echarse un gusano o un tornillo o un vidrio de pulque o una cheve ante la pulquería o ante la tiendita miscelánea mientras veían pasar señoras catrinas y señores catrines y criaditas y carricoches y tranvías de mulas y perros flacos o nada más el tiempo (ese ser inasible por estar siempre pasando desde quién sabe a quién sabe) y, como para ellos las aceras eran bancas públicas y democráticas, las llamaron banquetas, pues’n.

Ahora en Esmógico City abundan banquetas o aceras en que ya no puede sentarse nadie,  y algunas son difícilmente “peatonables”. Ahora son basureros transitorios o fijos, espacios de venta de fayuca y piratería, lugares erizados con grietas y desniveles y cortantes filos de cemento, o son cagaderos de perros (y a veces de humanos) y tienen tenderetes de fayuca y piratería, y, en fin, de eso llamado comercio “ambulante” (aunque no deambule), de modo que el peatón debe, a riesgo de su vida, aventurarse en el espacio para los vehículos automotores.

Y, como los vehículos son duros y veloces y los peatones son frágiles y lentos, Esmógico City resulta un peligro para viandantes.