Columna Invitada

Guadalajara H4-V

Guadalajara experimenta problemas similares a los de otras ciudades del mundo: Expansión de la mancha urbana, despoblamiento, difícil movilidad, demasiado tiempo en trayectos, zonificación fragmentada como en muchas ciudades norteamericanas (zonas habitacionales, comerciales, industriales, de gentrificación, de tugurización). Y al igual que en muchos de esos casos la densificación de áreas ya urbanizadas es la vía adoptada para la configuración de una nueva ciudad más vertical que horizontal.

Densificar es una propuesta interesante, no obstante que en D. F., y en Chile por ejemplo se han documentado los impactos negativos (violaciones de planes parciales, problemas de estacionamiento, ruido, insuficientes servicios públicos, déficit de equipamiento urbano, pérdida de áreas verdes y más) que generan un sentimiento de disminución de calidad de vida; o no obstante que arquitectos y urbanistas la consideren superada por la “ciudad compacta” (Richard Rogers), o la definan como una manera de crear una “ciudad genérica” sin identidad (Rem Koolhaas).

El diagnóstico de las autoridades señala que el decrecimiento poblacional de Guadalajara inició en la segunda mitad del siglo XX, pero fue a partir de 1990 cuando el despoblamiento pasó a ser preocupante. Hoy la ciudad tiene menos de millón y medio de habitantes. Se sabe que ha habido un proceso de dispersión que ha provocado una relocalización hacia el sur (Cruz del Sur y hasta Tlajomulco); y que factores como las políticas de control de natalidad, las explosiones del 22 de abril de 1992, la crisis nacional de 1994, también explican la disminución demográfica.

Ante ello el municipio pretende atraer a Guadalajara en los próximos diez años a 155 mil habitantes que se han “perdido” en cinco lustros, y pasar así de una densidad de 100 habitantes por hectárea a 120 mediante la construcción de 7,269 viviendas de menos de 50 m2 en 13 predios. El más grande, con casi 2,500 viviendas, se ubica en Huentitán. La mira está en jóvenes, que perciban cinco salarios mínimos. Los datos muestran que sobre todo se ha perdido población joven y que el Centro es el distrito con mayor despoblamiento. Por ello los nuevos planes parciales han sido diseñados para permitir la verticalización de la ciudad, con utilizaciones de suelo H4-V, edificios departamentales de más de tres niveles densidad alta, y hasta H5-V, viviendas huevito con subsidio federal, de más de cuatro niveles y también densidad alta.

El problema es que no obstante a contar con información desagregada para cada distrito, de tal suerte que se sabe qué zonas son las despobladas, las más pobladas y que más bien habría que desdensificar, las autoridades aplican la misma estrategia urbana en toda la ciudad, abriéndola así a una densa especulación inmobiliaria, que construirá más casas, pero que no garantiza que atraerá habitantes sino sólo inversionistas, y con ello la espiral especulativa y otra suerte de problemas sociales. En consecuencia, la ciudad transitará en dirección opuesta a los objetivos planteados (ser sustentable, repoblada, densificada, “rejuvenecida”) y se alejará del modelo Curitiba que pretende emular. La estrategia por tanto debe ser diferencial, no toda Guadalajara necesita repoblarse y por ello hay que proceder colonia por colonia.

No sólo en Brasil, pero también en ciudades argentinas con problemas semejantes lo que se repobló fue el centro puesto que ahí se identificó el mayor despoblamiento, además que en esa zona ya existía una mixtura de usos, además de infraestructura y equipamiento urbano (óigase en nuestro caso el Centro, Analco, Federalismo, las colonias Moderna y Americana). En las zonas intermedias la densificación no se tradujo en repoblamiento sino en renovación (programas de equipamiento urbano y de fortalecimiento de la identidad distrital, vecinal, barrial) a fin de no perder pobladores y sí un regulado uso de suelo mixto; aquí podríamos pensar en Huentitán, una de las zonas donde más ha crecido la población joven en la última década a pesar de no contar con equipamiento. Y en la periferia se trabajó desde la infraestructura hasta la construcción de una identidad, como una vía para formar un tejido denso.

Densificar nunca significó sólo y simplemente construir viviendas, más bien se tradujo en estrategias de movilidad (transporte y circulación vial), de integración de viviendas con centros de trabajo, lugares de ocio, de horticultura y dotación de servicios públicos en un esquema un poco similar al propuesto en Alemania por Walter Christaller hace más de medio siglo: Distritos con un lugar central, subdistritos, barrios…

Y un dato más, la mejor manera de atraer o retener población fue mediante la participación ciudadana, precisamente de jóvenes que contribuyeron al diseño de una ciudad sustentable, juvenil, amigable, transitable y con identidad, o que encontraron estímulos para formar parte de ese tejido. No se tomaron decisiones por ellos, sino con ellos. Entre los casos más destacados están el de Rotterdam donde la estructura de vecindarios con población controlada ha sido tan importante como el de Curitiba, o el de Toronto donde se han reglamentado como parte del equipamiento barrial no sólo las áreas verdes sino los huertos urbanos y los espacios culturales, todos ellos factores de atracción para los jóvenes, que al participar contribuyen a la seguridad y calidad de vida. En Guadalajara, la movilidad en bicicleta, los huertos urbanos y los tianguis orgánicos o culturales son iniciativas juveniles, prácticamente al margen de las políticas públicas ¡y contribuyen tanto a densificar el tejido social!

Al diseñar una ciudad rejuvenecida la estrategia no debe ser construir para los jóvenes desde la especulación inmobiliaria, sino construir con los jóvenes cambiando la idea de que éstos son descartables y criminales, como en los muchos Ayotzinapas de estos años. La densidad debe basarse más en vitalizar el tejido social que en edificaciones materiales. En efecto los nuevos planes parciales son bastante verticales. 

 

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