Tiro libre

No quieren frenar el robo a PEMEX

Según PEMEX sufrió pérdidas por casi 18 mil millones de pesos por el robo de combustible en 2014. Pero la cifra podría ser inexacta o falsa.

Hace una década, ya se hablaba de que PEMEX perdía anualmente 12 mil millones y desde entonces año tras año la magnitud del robo ha seguido creciendo a pasos de gigante. Además deben considerarse las pérdidas por explosiones de ductos provocados por la "ordeña", que cuestan vidas además de dinero.

De modo que, o PEMEX no sabe la magnitud real del robo en perjuicio del patrimonio de los mexicanos, o si lo sabe oculta la información, sobre todo ante la perspectiva de la participación de capital privado, extranjero incluido, en la actividad petrolera de México.

Desde los años noventa del siglo pasado en que este problema inició, la paraestatal y el gobierno federal han tomados diversas medidas con el declarado objetivo de frenar el robo, pero todo ha fracasado.

La nueva estrategia anunciada en febrero de 2015 consiste en que por los ductos ya no corra gasolina refinada o casi a punto de estarlo, para en su lugar terminar el proceso en las 77 terminales de reparto y de desde las mismas transportar el producto refinado y listo para su consumo a las estaciones de servicio.

Se han advertido dificultades operativas para este cambio de estrategia dada la saturación que de por sí ya enfrentan las terminales de reparto. Pero el verdadero problema no es ese, sino el enfoque de este tipo de medidas basadas en la seguridad situacional.

Esta tiene sus bondades, pero también graves limitaciones sobre todo cuando se trata de seguridad pública. Muchas medidas de seguridad situacional funcionan al interior de empresas (privadas) porque éstas son sistemas cerrados, en las que sus dueños y directivos tienen control de todas las variables. Eso no es el caso cuando se trata de sistemas abiertos como la seguridad pública y sobre todo cuando el agente criminal está altamente organizado y cuenta con complicidades desde su objetivo además de protección.

Por eso fracasará la nueva estrategia, pues elude el problema central: el gran poder e impunidad de los grandes grupos criminales, contra los que el gobierno no tienen la voluntad de actuar mientras simula que los descabeza.