Tiro libre

Fue la izquierda (2)

No solo hubo señalamientos (del ERPI) contra el gobierno de Zeferino Torreblanca de colusión con el capo Joaquín Guzmán. Los servicios de inteligencia federales han sospechado desde 2008 que el ERPI está implicado en el narcotráfico y que entró en alianza con los Beltrán Leyva en su pugna con su ex socio El Chapo.

En agosto de 2009 fue asesinado Armando Chavarría, ex secretario de gobierno de Torreblanca y líder del Congreso Local. Sus allegados señalan a Torreblanca como autor intelectual del crimen y como móviles las aspiraciones de Chavarría de ser gobernador y estar a favor de un diálogo con el ERPI. Pero hay versiones que vinculan a Chavarría con operadores de los Beltrán Leyva, específicamente con los hermanos Pineda Villa, sí, los cuñados de José Luis Abarca. Además de Chavarría, otros 45 perredistas fueron asesinados bajo el gobierno de Torreblanca.

Con Ángel Aguirre las relaciones entre "oportunistas" y "radicales" no mejoraron. Catorce líderes "radicales" fueron ejecutados bajo el nuevo gobierno y dos estudiantes de Ayotzinapa fueron asesinados por la policía estatal (en diciembre de 2011).

El encono entre las facciones de izquierda creció por la rebelión -en 2013- de las autodefensas contra los abusos de los grupos criminales asociados con los "oportunistas", rebelión hegemonizada por el ERPI y el EPR. Además siguió ganando fuerza la versión de que el ERPI incursiona en el tráfico de heroína, el cual se disputan Los Rojos y Guerreros Unidos.

Para los más duros de los "oportunistas", Abarca entre ellos, había, que frenar definitivamente a los "radicales" que amenazaban sus proyectos político-criminales. Y este sicópata mostró como había que hacerlo. En mayo de 2013 asesinó a Arturo Hernández Cardona y a otros dos líderes, de la facción de los "radicales".

Los seguidores de los ejecutados y alumnos de la normal Ayotzinapa tomaron la alcaldía en demanda de castigo para Abarca, pero el gobernador Aguirre protegió a su compañero de facción. La impunidad allanó el camino a las atrocidades del 26 y 27 de septiembre.

Lo ocurrido en Iguala es la consecuencia inexorable de la guerra sucia al interior de la izquierda en Guerrero.

Esta es la realidad que la izquierda nos quiere ocultar.