Tiro libre

Fue la izquierda (1)

En la novela 1984 de George Orwell, el Ministerio de la Verdad, se dedica a reescribir la historia, a tergiversar los hechos según las conveniencias del poder totalitario, encarnado por el Gran Hermano.

Como en 1984, y sin estar siquiera en posesión del poder nacional, la izquierda trata defalsificar la historia -que apenas se termina de escribir- sobre las atrocidades de Iguala.

Los propagandistas de la izquierda comenzaron con el slogan "Fue el Estado", para convertir una responsabilidad claramente definida de políticos locales izquierdistas en los crímenes, en una responsabilidad de todo el Estado mexicano. El segundo paso de la estrategia propagandística fue corresponsabilizar al gobierno federal y ahora cargarle a éste la responsabilidad exclusiva, en un tercer paso.

Pero esas son puras patrañas. A sus propaladores hay que responderles: no fue el "Estado" en abstracto el responsable, menos el gobierno federal; fueron ustedes, fue la izquierda la responsable del peor acto de violación de los derechos humanos en décadas en México.

Y es que la responsabilidad no recae solo en los políticos izquierdistas que decidieron las desapariciones y asesinatos, sino en casi toda la izquierda, que ha guardado silencio cómplice respecto a la sangrienta guerra sucia que izquierdistas han sostenido con izquierdistas en Guerrero durante una década, la cual se exacerbó por la colusión de sus facciones con los grupos criminales y que desembocó en las atrocidades de Iguala.

Desde que en 2005 la izquierda se hizo del poder en Guerrero, sus dos facciones –los "radicales" y los "oportunistas"- se han venido enfrentando violentamente. La primera está integrada por los militantes de grupos guerrilleros y activistas que parcialmente coinciden con ellos y en la segunda están los seguidores de Los Chuchos del PRD y de Andrés Manuel López Obrador.

La elección de Zeferino Torreblanca como gobernador de Guerrero fue apoyada hasta por el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), pero pronto los conflictos entre las facciones se volvieron sangrientos. El gobierno de Torreblanca, apoyado por sicarios de Rogaciano Alba y Joaquín Guzmán, entró en guerra con el ERPI. La confrontación cobró un centenar de vidas.