Tiro libre

Le falla el mercenario a Salinas

Marcelo Ebrard ya se imaginaba como jefe de la fracción parlamentaria del PRD en la próxima legislatura de la Cámara de Diputados, desde donde construiría su candidatura a la Presidencia de la República con base en un oposición beligerante contra el gobierno del presidente Enrique Peña.

Pero Ebrard, además de responder a su propia agenda responde a la de Carlos Salinas de Gortari, el artífice último de la campaña en contra del presidente Peña por supuestos actos de corrupción, con relación a las casas compradas por su esposa y por el secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

Se lo tenía bien guardadito, pero no tardó en saberse que Ebrard fue el operador del esfuerzo por llevar esta campaña de desprestigio a la escena internacional y de lanzarla justo cuando crecía el escándalo con relación a la masacre de Iguala.

Asimismo, Ebrard ha estado presionando para que el PRD ponga fin a la relación que ha mantenido con el presidente Peña y dicho partido se sume a la campaña de la izquierda radical que culpa al gobierno federal de lo que no es culpable, de la desaparición y ejecución de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Lo que Carlos Salinas y su operador Ebrard han buscado es crear un clima político de crispación que ponga al gobierno federal contra la pared ¿Para qué? Para que el gobierno del Presidente Peña dé marcha atrás en reformas que ha impulsado, en particular las que perjudican a Telmex. Y aquí no importa cuántos falsos deslindes haga Salinas con relación a esa empresa y a Carlos Slim: ese es el quid del conflicto.

Pero el operador de Salinas está fallando. Primero enseñó el rabo y lo pillaron. Después no obtuvo la candidatura a diputado por vía plurinominal que le haría jefe del PRD y muy probable candidato presidencial en 2018. Y es que con el desprestigio que Ebrard se carga a cuestas por el desastroso manejo de la Línea 12 del Metro, para la dirigencia del PRD hubiera sido suicida postularlo.

Pero en la Línea 12 del Metro no se trata de mera negligencia. Van surgiendo las evidencias de corrupción, de precios inflados y gastos absurdos, como el entronque de la estación de Atlalilco que hace caminar hasta media hora a los usuarios. Aunque sobre los turbios manejos de Ebrard hay mucho más.