Tiro libre

¡Detengan a La Tuta y a los Vallejo!

La detención del doctor Juan Manuel Mireles reveló con crudeza las prioridades de seguridad del gobierno federal: es más importante acallar a la víctima que se queja por la enfermedad, que actuar contra los agentes que la provocan; es preferible encarcelar a quienes han hecho uso de su legítimo derecho a la autodefensa frente a quienes impusieron un brutal expolio criminal contra los michoacanos, que actuar contra los agresores y sus protectores.

El encarcelamiento del doctor Mireles no es otra cosa que represión por consideraciones políticas, con el agravante de la fabricación de delitos. A Mireles como a los otros 82 detenidos se les priva de la libertad por hacer exactamente lo que hacían hasta hace unas semanas con la tolerancia y protección de los que hoy se han erigido en sus verdugos: tomar las armas para defenderse de los criminales.

Si llevamos a término la lógica de los verdugos, entonces ellos mismos deberían estarle haciendo compañía al doctor Mireles por haber tolerado las conductas que ahora a él reprochan.

Pero esta lógica, tanto si se aplica a todos los involucrados como si se aplica –según los dobles estándares morales- sólo a las víctimas que han cometido el "pecado" de defenderse, es absurda e injusta. Michoacán ha vivido una situación límite, una situación de ruptura del estado de derecho, en donde no había otra opción que ejercer el derecho a la autodefensa, lo cual no puede ser jurídicamente reprochable.

Cuando el gobierno del presidente Enrique Peña decidió tolerar a los grupos de autodefensa y más aún, se alió con ellos para combatir a Los Templarios, actuó con sensatez.

El problema es que no haya cumplido con lo que prometió a los líderes de las autodefensas: mantener esta alianza hasta acabar con el grupo criminal en todo Michoacán y con sus protectores, logrado lo cual las autodefensas perderían su razón de ser. Es ante este incumplimiento de los compromisos que Mireles optó por regresar a las armas.

Este grave error del gobierno puede enmendarse si libera a Mireles, le devuelve la protección que le retiró y lo retoma como un aliado para detener a Servando Gómez "La Tuta" y demás integrantes, Los Templarios, así como a sus protectores, en primer lugar los Vallejo.