Tiro libre

Aplicar la ley sin titubeos

Ante la exigencia de los líderes empresariales –pero que comparte la mayoría de la ciudadanía- de poner fin a los desmanes de la izquierda radical, altos funcionarios del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto respondieron: vamos a actuar, pero necesitamos que nos apoyen. A ello los líderes empresariales contestaron: los apoyaremos, pero actúen ya, sin abusos pero con toda firmeza.

El gobierno federal empezó a dar muestras de que realmente estaba decidido a actuar, cuando reaccionó en forma expedita ante nuevos intentos por bloquear la carretera México-Acapulco.

Pero justo cuando esta política se empezaba a aplicar, la izquierda radical lanzó un desafío mayor cuando hordas de la sección 22 del sindicato de maestros se trasladaron al Distrito Federal y bloquearon su más representativa vialidad (Paseo de la Reforma) con el pretexto del retraso en los pagos por el atroz servicio que prestan estos vividores de los contribuyentes.

Con esta acción la izquierda radical trata de medir la determinación del gobierno en su nueva política de no tolerar más desmanes, más violaciones a los derechos de terceros pero además, de ser posible, hundirla.

Y la respuesta del gobierno federal, si bien no fue la de claudicar, tampoco mostró la determinación que se requiere. Es cierto que la advertencia del desalojo hizo dar un paso atrás a estos maestros de la provocación y la agresión. Pero el gobierno titubeó. El gobierno federal no tenía por qué haber dado un ultimátum la noche del 9 de febrero sobre un desalojo en la madrugada del día 10, si los vándalos profesionales no se retiraban. El gobierno tendría que haberlos desalojado, tan pronto bloquearan Reforma.

Tampoco es aceptable que el bloqueo se haya trasladado de Reforma a la Plaza de la República, zona que estos mismos sujetos asolaron durante meses, sobre todo durante 2013. Cuando los comerciantes y habitantes de esa zona se empezaban a recuperar de los estragos causados por los maestros de la violencia, otra vez son agredidos.

La violación de la ley es inaceptable en todo momento y lugar. Si el gobierno sigue titubeando, los maestros de la violencia y la provocación no solo mantendrán sus acciones destructivas, sino que –envalentonados- las escalarán más y más.