Tiro libre

Acaben con Los Templarios. Punto

Dice el flamante comisionado federal para la seguridad en Michoacán, Alfredo Castillo Cervantes, que con el enésimo despliegue de fuerzas federales en el estado ya no hay razón de ser para las autodefensas.

Cabe preguntar entonces al señor Castillo: ¿acaso ya detuvieron a los líderes del grupo criminal Los Templarios y a sus operadores?

La pregunta es retórica, pero sirve, como la declaración misma de Castillo Cervantes, para terminar de demostrar -¡por si alguien todavía lo duda!- que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto no entiende, o no quiere entender, la causa muy simple del estado de desastre que vive Michoacán.

Y esa causa no es otra que la existencia de un grupo criminal que ha impuesto un brutal expolio sobre los michoacanos mediante la extorsión, el despojo, el robo a gran escala, el secuestro y otras formas de depredación. Pero hay una segunda causa: esto lo han permitido las autoridades de los tres niveles de gobierno.

El que Los Templarios se dediquen también al narcotráfico es secundario. El tema aquí no es el tráfico de drogas sino el abuso sistemático en contra de las personas inocentes.

La desesperación por una situación de creciente opresión, que se intensificó desde el arribo al poder del gobernador Fausto Vallejo Figueroa, y la absoluta negligencia de las autoridades o su colusión con los criminales, orilló a muchas personas a armarse para defenderse.

Estos grupos de civiles armados han hecho lo que los gobernantes no han podido o no han querido hacer, pueblo por pueblo: expulsar a esos criminales voraces que son Los Templarios, poner fin a la extorsión, recuperar y devolver propiedades despojadas a sus legítimos propietarios e incluso hasta producir inteligencia acerca del enemigo.

En efecto, las autodefensas tienen un cuadro aproximado del estado de fuerza de Los Templarios. Siete son sus máximos jefes, 100 son sus lugartenientes y 500 sus operadores entre matones y "halcones".

Aunque también hay que contar a sus operadores financieros, policiales y políticos. En cualquier caso se trata de una "ridícula minoría" que el Estado mexicano puede someter en el corto plazo.

Basta de buscar falsas soluciones "sociales", de evasivas, simulaciones, demagogia y de reprimir a los que se defienden ¡Vayan por ellos! ¿Qué esperan?