Touché!

La puerta negra del ICL

“Ya está cerrada con tres candados

y remachada la puerta negra

porque tus padres están celosos

y tienen miedo que yo te quiera.”

La puerta negra. Tigres del Norte

El miércoles 28 de mayo del presente, en carácter de observador de Propuesta Cívica, me apersoné puntual a la reunión de Consejo del Instituto Cultural de León. La puerta estaba suficientemente abierta como para que no hubiera duda de que el acceso estaba franco. No había por qué dudarlo: las juntas del Consejo eran a puerta abierta y la evidencia de ello era irrefutable.

Saludé con gusto a Sebastián Serra, entonces director del ICL. Ignoraba la suerte que estaría echada para él unas horas después. Saludé también al resto de los presentes, incluyendo al presidente del Consejo, Ing. Alfonso Barajas. No recuerdo si fue en ese momento o a la hora de salir, que le reiteré mi preocupación por lo inacabado del proyecto del Museo de las Identidades Leonesas. “Esperamos su promesa de dar un informe detallado y público sobre el asunto” le recordé. Con amabilidad me contestó “Proceda solicitándolo por carta”. Me gusta hacer cartas. La haré.

La sesión empezó con 20 minutos de retraso, pero eso no es nada. Los relojes son aparatos tan caprichosos y burgueses. Y todo fluyó con cierto orden. Se tomó protesta de la muy respetable Mary Cruz Labarthe, nueva consejera “… y si no cumpliera con su trabajo, que la sociedad se lo demande”, le advirtió el presidente en un tono monárquico constitucionalista español, tan recargado estos días. Anunciaron después, que había ya un nuevo director del MIL, y que estaba ya en proceso administrativo de contratación. A lo que yo esperaba la develación del nombre, pero nunca llegó, y ningún consejero se irguió para demandarlo. Llegó pues, el último punto: un anuncio del director.

Sebastián Serra presentó ante el Consejo su renuncia con carácter irrevocable. Los rostros se contrajeron un poco, incluso el del presidente mismo, a quien yo nunca contrataría como primer actor. Me llamó la atención un párrafo del texto de Serra, dijo: “considero que mi aporte se ha estancado y que no he logrado la conexión necesaria ante las distintas instancias municipales para lograr que la Cultura sea un eje de la visión municipal ni para asumir la rectoría de las políticas en materia de cultura que ha aprobado el ayuntamiento como lo indica nuestro reglamento.”

Subrayo: “… para lograr que la cultura sea un eje de la visión municipal…”. Botello lo había asegurado, cuando instauró el Consejo del ICL al inicio de su mandato; los consejeros los avalaron, cuando por unanimidad votaron por la presidencia de Barajas; todos lo creímos cuando Serra tomó posesión. Ahora el director ha renunciado, Barajas insiste en perpetuarse cueste los directores que cueste, y Botello peina sus cabellos rojizos. ¿Por qué renunció Serra realmente? ¿Se estancó o se topó con el estanque político que de cultura no aprende, no sabe, no entiende?

Pero sobre todo ¿Saben los consejeros y consejeras del ICL las razones por las que renunció el director que despidieron recién? ¿Piensan averiguarlo para prever que no se repitan? ¿Qué garantiza que su sucesor, Luis Castrejón Durán (a quien le deseamos la mejor de las suertes), no será uno más de los funcionarios que prefieren tirar la toalla antes de lidiar con ese monstruo invisible que devora directores?

A petición del presidente Barajas, la reunión para presentar las propuestas de nuevos directores fue a puerta cerrada. Más de tres candados le puso a la puerta para que esa sociedad que debiera demandar la labor, tal como reza el juramento de los consejeros, no alcanzara a ver lo suficiente. Pero la puerta no es la culpable, tampoco los celosos padres, presidentes, regidores o funcionarios cualesquiera. Está probado: mientras no haya quien demande la llave, la puerta seguirá cerrada y los de adentro, harán de nuestros derechos de información y transparencia, lo que mejor convenza a sus intereses.

Castrejón llega bien recomendado y apoyado por la comunidad cercana a la cultura. Eso alcanzo a ver. Su primer y urgente labor: poner a la mesa el Reglamento del Consejo para evitar de una vez por todas, que el presidente no lo gobierne todo. ¿Habrá forma además, de que abdique por dignidad?

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