Touché!

El humor del zapatismo

El pasado sábado 24 de mayo, a propósito de una aparición pública en conmemoración de la muerte de Galeano, con un compañero y líder zapatista caído, el Subcomandante Marcos hizo una nueva aparición pública, esta vez para desaparecer, dice. (Véase: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2014/05/25/entre-la-luz-y-la-sombra/).

Creerle o no creerle es lo de menos. También dijeron que estaba enfermo; también alentaron la noticia de que había muerto. El asunto en el fondo, y es eso lo que Marcos mismo anuncia, el Subcomandante como tal, no importa. Reconoce  pues  que su existencia como personaje obedeció a una estrategia de visibilidad ante la opinión pública nacional y extranjera. Una “botarga” dice, capaz de llamar la atención y de hacer audible una voz que desde hace miles de años sólo susurraba lamentos.

Desde la comodidad de nuestro hogar, es fácil levantar el dedo pulgar o dejarlo caer cual César en coliseo, para sentenciar al zapatismo de un tajo. Sin embargo, esta despedida de Marcos removerá nuevamente las aguas y hará voltear los ojos de más de uno, para echar un vistazo al renovado EZLN y ver lo que es ahora este movimiento después de casi 20 años de levantamiento. Y lo que se verá, es un resignificado de tres palabras sustanciales: Dignidad, autonomía y organización.

Hace unos días, en una junta de trabajo, un compañero académico soltó la palabra “indio” para referirse a una persona de la India. Casi angustiado adelantó una disculpa “Perdón, se oye muy feo. Mejor digámosle hindú”. Esa es la insana tradición lingüística sobre nuestros pueblos originarios. Algunos siguen pensando que “indio” es una palabra indigna. Pero cuando se voltea la mirada a esos pueblos chiapanecos, es imposible volverlos a mirar desde arriba. Se pude estar en contra de sus procedimientos y hasta de sus causas, pero han sido mexicanos capaces de pasar de la indignación a la acción que les reivindica. El levantamiento de su voz fue fundamental para ello, pero más importante aún, fue la opción de preferir la vida a la muerte, la construcción a la guerra. Dice Marcos en su comunicado: “Y en lugar de dedicarnos a formar guerrilleros, soldados y escuadrones, preparamos promotores de educación, de salud, y se fueron levantando las bases de la autonomía que hoy maravilla al mundo.”  Más adelante remata: “Porque, aunque no lo crean, es más fácil morir que vivir.”

La palabra autonomía es prioritaria para entenderlos. Basta con revisar el diseño y sobre todo las acciones que han construido, desde diciembre de 1994, la creación de sus 32 municipios autónomos y los ahora llamados caracoles, ejemplo de impartición de justicia; salud comunitaria; educación; vivienda; tierra; trabajo; alimentación; comercio; información; cultura y tránsito local. Desde entonces hasta ahora, los otrora niños zapatistas se han desarrollado en esos espacios y son ahora los que ocupan puestos importantes que, dicho sea de paso, están pidiendo a Marcos un cambio de estafeta.

Finalmente, sin la organización no se puede entender al zapatismo. Quizás la última gran demostración de ello fue su multitudinaria marcha el 21 de diciembre de 2012. Mientras los ignorantes y apocalípticos se escondían bajo los mantos de sus santos por miedo al fin del mundo, cerca de 40 mil zapatistas, marcharon en silencio. No fue una marabunta desorganizada de gente. No fue una multitud enardecida gritando las consignas de siempre. En silencio llegaron, en silencio se formaron, en silencio levantaron el puño, en silencio se fueron. En pocas palabras, el único comunicado oficial de Marcos decía: “¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo. El día que fue el día, era noche. Y noche será el día que será el día.”

¿Qué será ahora del zapatismo sin Marcos? ¿Qué será del personaje? ¿Se refundirá en el infierno con Pedro Infante y José Alfredo, como sugiere en su post data? ¿Habrá algún purgatorio para botargas? ¿Marcos era indispensable?

El zapatismo se habrá de renovar. Esa es mi creencia y mi esperanza. Las nuevas generaciones habrán de innovar, pero también mantener lo ya hecho. Tienen lo más importante: una vida comunitaria y un lema por el que daríamos cualquier cosa de este lado de la democracia “Mandar obedeciendo”. Buen viaje, Marcos o como ahora te llames o te re inventen. Sigue riendo por favor de este sistema. No traiciones tu palabra: “Sin humor, no se puede entender al zapatismo”.

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