Touché!

Rapbeth, Macbeth en otro ritmo

Vista esta historia como ejemplo fiel de delirios universales, capaces de suceder en cualquier época y en cualquier lugar, Rapbeth es la reencarnación adaptada de Macbeth.

“Las cosas que principian con el mal,

sólo se afianzan con el mal.”

Lady Macbeth.

Terminó el Cervantino, o con más precisión: Los Cervantinos. Nos es gratuito llamarles así, en plural. Está probado científicamente que hay muchos Cervantinos. Uno es aquel de la cultura refinada, el Cervantino cuyos boletos se agotan a la semana en Ticket Master. Otro es el de los estudiosos, aquel donde se piensa y se cavila sobre qué quiso decir realmente Sancho Panza cuando no dijo nada. Y otro de tantos, bendita sea la hora, se refiere al Cervantino de los barrios y a la gente que nunca entrará al Juárez.

El sábado 11 de octubre fui invitado por Rodrigo Johnson, director teatral de cepa, a “Rapbeth”, adaptación libre y muy libre de Macbeth, la famosa tragedia de William Shakespeare. Como su nombre deja sospechar, la mirada al texto clásico pasa por la refinería del Rap. Pero esa maroma de adaptación no es lo que más me llamó la atención del trabajo, sino la intervención activa y creativa de un grupo de jóvenes leoneses que desde la calle, desde donde el rap huele a lo que huele, fueron comprendiendo la trama. Chavos de un extracto donde la aspereza de lo social es el pan de cada día. Vanguardia Canalla, se hacen llamar.

Para mejor encuadre ahí va (y sólo como ejercicio digital), una sinopsis breve de la tragedia de Macbeth que, estoy cierto, mis lectores conocerán mejor que yo. El rey Duncan, de Escocia, agradecido por las batallas conquistadas, avisa a su mejor general, Macbeth, que le ha ascendido a un alto rango. Tres brujas adivinas, auguran a Macbeth que su ascenso al poder no terminará hasta llegar a ser rey de Escocia.

Así, en una noche fatídica en la que el rey Duncan visita la casa de Macbeth, este y su mujer deciden, cegados por la ambición, que es el momento de ponerle nombre a las cosas y asesinan al rey mientras dormía. Con hipócrita pena, Macbeth asume el trono. Pero el destino cumplido muestra su otro rostro. La mujer de Macbeth enloquece de culpa y él salda las cuentas de su traición con su perdición y derrota a manos de hombres más poderosos y honestos.

Vista esta historia como ejemplo fiel de delirios universales, capaces de suceder en cualquier época y en cualquier lugar, Rapbeth es la reencarnación adaptada de Macbeth: Los líderes raperos disputan el trono de su pequeña fama. Las razones, las consecuencias y los destinos  son los mismos, sólo que en esta versión de barrio y música original, los personajes se tornan tan cómicos como terribles. Se acompañan de su ritmo, pero la trama es la misma. Las mismas muertes, las mismas miserias, las mismas esperanzas y dolores. Se comprendió el texto y se le trasladó a un contexto cercano.

La obra fue representada en el nuevo parque de Las Joyas, ese en el que Botello ha apostado tanto, ya por responsabilidad, ya por conveniencia electoral. Estaba repleto de familias, niños y miradas varias. Sobre todo los infantes eran quienes más compartían con la representación. Tengo la esperanza de que el Shakespeare de barrio se impregne como medicina silenciosa en las palabras de quienes lo oyeron. Espero que entonces, la traición y la violencia se denuncie y prevea entre versos, risas y gritos, ahí, en el escenario, donde depositamos bellamente nuestras miserias para regresar con heroísmo a casa.

Qué bueno que hay muchos Cervantinos. Qué bueno que uno de ellos, está hecho por quienes de tablas usan asfalto, de actores llaman a jóvenes con la violencia en la boca, de historias se valen de Shakespeare, y de respetable auditorio, se dirigen a familias que nunca irán al Teatro Juárez. Que haya más de ese teatro, de ese origen.

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