Touché!

¿Putos todos?

No podemos dejar pasar esta ocasión. Nuestro exhibicionismo mexicano ha rendido los frutos esperados. Ahora estamos ante los ojos del mundo con nuestro “puto” en la boca, por extraño que suene. Todos saben a qué me refiero, hasta los enemigos del futbol. ¿Cómo aprovecharemos esta magnífica oportunidad? Sólo tengo a la vista tres posibilidades: inflamar nuestro patriotismo y seguir gritando lo mismo y más fuerte en los estadios; la de dejar de hacerlo consecuentando el regaño de los guardianes de la dignidad ajena; o la de cambiar la palabrita por otra. En cualquiera de los tres caminos, nos han puesto a pensar cómo y por qué decimos lo que decimos.

He leído y escuchados argumentos de un lado, del otro, y de los que se quedan en medio. Para mí, una forma de acercarse a respuestas posibles, es llevar las cosas al extremo. Así, me pregunto cuál sería una manera de seguir gritando con cada saque de meta, siguiendo los parámetros esperados por la FIFA. Imaginemos que cada vez que el portero contrario pateara la pelota desde la meta, las masas gritaran “¡Que dios te bendiga!”. Resulta largo y piadoso. ¿Qué tal esta?: “¡Suerte en tu intento!”. Perdió su carácter religioso, pero sigue resultando extensa. Una contribución civilizatoria, definitivamente, es la tardarse más tiempo en decir lo mismo.

Hay un segundo camino, el de guardar silencio. Pero una vez pasada tal tormenta, no puede ser cualquier silencio. Tendría que venir acompañado por algún gesto, algún movimiento significativo que cumpliera con el cometido de distraer al guardameta en turno, pero sin ofender a nadie. En este caso, sólo se me ocurre que los miles de contrarios le echaran una mirada de esas que matan. Hay quien ha ido hasta el psicólogo por una de esas.

Pero el tercer camino me parece más sugerente que todos los demás. No soy partidario de que se pierda la fiesta que sólo un grito descontrolado y multitudinario puede crear. Ni tampoco creo que la FIFA, aún en su hipocresía moralina (es como si El Basurita predicara lavarse las manos después de ir al baño), esté pidiendo la ausencia de desmadre. El camino de transformar nuestro grito de guerra es un reto a la creatividad, a la consideración de una opinión diferente a la nuestra, y a la de ¿por qué no?, entrarle a la reflexión sobre las manera de expresar nuestra agresividad.

El futbol, como cualquier deporte, es una sublimación de la ofensa y la defensa de la vida real. Descafeinar al futbol de ello, es quitarle uno de sus sentidos más fundamentales. Callar, en este caso, es mutilar. Y al mismo tiempo, está el tema de la delgada línea que, con la palabra, puede cruzarse para que alguien, sea un individuo a un grupo, sea trastocado en su dignidad como persona. Esa razón sería suficiente para reconsiderar las formas. No entrarle al tema, nos hace putos a todos. Uy, ya lo dije.

Nunca he visto a un portero despejar erróneamente por haber escuchado el grito de “puto”. En ese sentido, no funciona. Se les grita a todos, y nadie se pone a averiguar sus preferencias sexuales. En ese sentido, putos somos potencialmente todos. Es desmadre puro. Pero lo rico, lo sabroso del tema, es que nos lleva a nosotros, a nuestras expresiones, a nuestra manera de ser con los otros. No le saquemos al diálogo, a la posibilidad de cambiar sin dejar de ser nosotros. Oigamos abiertamente a otros, no seamos putos.

http://twitter.com/TAlvear