Touché!

A Márquez le asustan las muertas

No es lo mismo matar a una mujer que a un hombre. Esta aseveración podría parecer inequitativa, siendo que hombres y mujeres debemos de ser iguales ante la ley. Sin embargo, a simple vista no se ven los detalles. Un feminicidio, es el asesinato de una mujer por razón de su género. Y esto sucede mucho más que en el caso contrario.

Imaginemos por ejemplo, a una mujer llamada Laura. Sufre violencia intrafamiliar (su condición de mujer la deja en una posición vulnerable, puesto que no tiene el poder económico en el hogar, y es físicamente más débil que su marido.) Laura se arma de valor y en un acto de afrenta ante quien ya le rompió la boca más de una vez, acude al Ministerio Público para denunciar al otrora  amor de su vida. La denuncia no procede porque simplemente no le creen. El marido, enojado, insisten en golpearla y ella insiste en denunciarlo. Y así, tres veces. El Ministerio nunca supo cómo proceder y el destino alcanzó a Laura. No hubo una cuarta denuncia porque el marido decidió terminar las cosas fatalmente.

El caso no es tan imaginario. La víctima se llamaba Laura Patricia Vázquez Aguilar. Ella es ahora un número: de 2006 a 2013, los feminicidios en Guanajuato se han incrementaron 127 por ciento. En el primer año de Gobierno de Miguel Márquez, la cifra alcanzó a 75 nuevas Lauras. Un dato más en favor del marido homicida y de los muchos otros novios, parejas, amigos: el 67 por ciento de los homicidas están prófugos.

Vale la pena insistir: en el primer año de gobierno de Miguel Márquez, la cifra alcanzó a 75 nuevas Lauras, y en lo que va de este año, sin embargo el gobierno estatal sólo reconoce 2 porque en el resto, dice, no hubo razones de género. La insistencia no es gratuita. Podría pensarse que al decirlo de esta manera, se responsabiliza al gobierno de cada una de las muertes, y en parte es así. No puede soslayarse la responsabilidad individual de quien agrede a su pareja; ese es el primer responsable. Pero cuando un gobierno tiene o puede tener herramientas efectivas contra el feminicidio y no echa manos de ellas, no puede más que asumirse como cómplice del mismo.

La primera de esas herramientas debe ser un sistema de información suficiente y confiable, que dé certidumbre para proceder en acciones penales concretas y contundentes. Es verdad que el Congreso Estatal aprobó en mayo pasado, un incremento de hasta 60 años para los feminicidios; sin embargo, esta medida legalista no tendrá sentido alguno si no existe el sistema de información, y el sistema judicial que hagan frente al asunto. Y 67 por ciento de impunidad ante el feminicidio, es una cifra ridículamente alta como para suponer que el aumento en la pena, es medida suficiente.

Otra herramienta es la Alerta de Género. Se ha insistido en ella por parte de organizaciones civiles como Las Libres, el grupo más activo en el asunto, pero el gobierno estatal no parece sentirse cómodo con el tema. De la Comisión que a nivel federal se organizó para dictaminar si Guanajuato era candidato para la Alerta de Género, el Instituto de la Mujer Guanajuatense (IMUG), brazo rosa de Márquez, se encargó de desechar siete recomendaciones importantísimas; algunas tan indispensables como la siguiente: “Los actos presuntamente constitutivos de violencia contra las mujeres deberán investigarse de manera exhaustiva, seria e imparcial. Las investigaciones deben estar orientadas a explorar todas las líneas de investigación posibles para conocer la causa de los hechos y permitir la efectiva identificación de los autores del delito, pues actualmente en la mayoría de los casos se desconoce qué ocurrió.” Esta recomendación, que parece obvia, al IMUG le pareció un exceso.

Más aún, Márquez ya ha dado una negativa a la organización de Las Libres, para ser incluidas en el equipo de trabajo que esté al tanto de los feminicidios en el estado. El gobernador está anteponiendo sus intereses políticos, a la seguridad de las mujeres que claman por un estado capaz de respaldarlas. Lo que debiera ser un acto reflejo de un gobernante, esto es, proteger a sus ciudadanas de esa violencia que se ampara en la intimidad, prefiere resguardarse en pretextos y no juntarse con grupos ideológicamente distintos, o parecer que está entregando cuentas que le reducen popularidad. Márquez es, entonces, un gobernador que al menos en este caso, no sabe convivir en la diferencia en pro de quienes ahora mismo, estas siendo violentadas al calor del hogar, del trabajo o de su propia familia. A Márquez le asustan las muertas, y prefiere hablar con susurros lo que debiera protegerse a gritos.

Pero como siempre he creído, los gobiernos no cambian hasta que el pueblo se los demanda. Si usted conoce casos de violencia contra alguna mujer, denuncie. El silencio es la sonrisa del cobarde.

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