Touché!

Desear o no desear, he ahí el dilema

Seamos honestos, el deseo es lo que mueve al mundo, no el amor. Otra cosa es desear amor, pero ese es otro cuento. Si no fuera por el deseo, este mundo apagaría los motores y todos a casa, o peor aún, se tornaría tan aburrido que acabaríamos deseando aunque fuera estar en familia con Chabelo.

Deseamos todo el tiempo, siempre, desde que nacemos. Lo último que haremos es desear. Deseamos estar o no estar, deseamos tener o no tener, deseamos desear o no desear. No hay escapatoria. Los que profesan la anulación del deseo, lo desean con tal ahínco que acaba deseando eso como el que más.

Y así como bullimos en deseo, lo hacemos también en callarlo. Es entendible: Buena parte de lo que deseamos no debiera de ser deseado, o por lo menos así dictan las normas. Por eso, decía Freud, la sociedad camina enojada, incómoda, mal humorada. Un malestar general sobrevuela la cultura todo el tiempo, en cualquier lugar. El nombre de muchos de nuestros deseos es tan innombrable que preferimos ponerle caras creativas. El arte es eso, la política también, las metáforas y equívocos son máscaras del deseo. Todo nos habla de esa vida interior escondida, por inmoral o por ridícula.

Lo genial de estas épocas inaugurales de cada año, es que es el tiempo del destape. Sacamos a paseo un poco de lo que deseamos. Desde una ventana, no muy concurrida, dejamos salir el suspiro para que alguien lo oiga, aunque sea uno mismo.

Dicen los expertos que los gimnasios hacen su agosto en enero. Lo cual significa que el deseo general de aquellos que concurren a los templos del físicoculturismo, es no tener el cuerpo que tienen. Tampoco les va mal a los urólogos, a los dentistas, a los auto lavados, a las cajas de ahorro, a los parientes lejanos, a ciertas librerías. Pero los tiempos de bonanza tampoco duran mucho. Una vez revisada la próstata, leído el índice del libro o hechas las primeras 50 abdominales, la siguiente visita tardará en llegar. Declarar los deseos y hacerlos efectivos es parte del sistema. Quizás también lo es el no cumplirlos del todo; vale más un deseo conocido que un deseo por conocer.

Esto de escribir y que a uno lo lean los amigos (y uno que otro denostador), tiene el privilegio de poder explicitar deseos en la plaza pública sin que por ello nos caiga la Santa Inquisición. Así que procedo. Aquí están mis deseos del 2015 para nuestra ciudad de León, un poco guajiros, pero los deseos son así.

1. Una ciudad más verde, donde ser árbol no sea un crimen. Un León que apueste a ser la ciudad más arbolada del Bajío.

2. Una ciudad con menos Walmart y más comercio pequeño, en donde aprendamos a consumir de una forma alternativa. Hacerle la guerrilla a los grandes consorcios, al tiempo que aprendemos a revertir el nefasto modelo económico que hoy nos ahoga.

3. Una ciudad menos desigual, en donde no haya nadie que gane más de 20 veces que otro, cosa que sucede con vastedad al día de hoy.

4. Una ciudad más civilizada, en donde el respeto a la norma pública sea una religión. Donde la multiculturalidad se convierta en interculturalidad; donde las mujeres gocen de reconocimiento, los niños de seguridad y todos de respeto a la diferencia.

5. Una ciudad democrática en sus elecciones. Que ya vienen. Están a la vuelta de la esquina (¿ya actualizaste tu credencial del INE?). Ojo, serán en junio y deseo que sean las más concurridas y respetadas.

6. Una ciudad menos contaminada. Ya somos muchos coches. Ya somos mucho smog. Ya somos mucha basura. Busquemos formas alternativas de movilidad y de reuso.

7. Una ciudad menos violenta. Porque sí, hay violencia, y creciente por desgracia. Deseo una policía confiable y ética, un Ayuntamiento que reconozca el estado de gravedad del asunto. Deseo una comunidad solidaria y organizada para contrarrestar la inseguridad doméstica.

8. Una ciudad con más cultura. Por todas partes, y con facilidades de acceso; con diversidad y atención tanto a las bellas artes reconocidas, como a las expresiones genuinas de lo popular. Una cultura que refleje el alma local, no sólo el ánimo de fomentar el turismo.

9. Una ciudad con un buen equipo de futbol. ¿Qué tal un nuevo campeonato para que a Matosas se le caigan sus ajustados pantalones?

10. Una ciudad mejor informada, con medios de comunicación que no estén al servicio del mejor postor, que no sean voceros oficiales, que hagamos el papel de informar con verdad a quien ignora, y de hablar por quien no tiene voz.

Lo advertí, eran guajiros, pero es la época. Mañana será otro día.

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