Heterodoxia

El soviet del PRI…

El Partido Comunista de la Unión Soviética conservó el poder 72 años. El PRI, 76. Toda una hazaña.

Ambas organizaciones tenían creencias en común: la omnipotencia del Estado y el partido, las ventajas de la Planificación Central de la Economía y la subordinación de las expresiones culturales a los fines del Estado-Partido-Gobierno.

¿Pero por qué siendo contemporáneos, aquel partido colapsó mientras el PRI continuó viviendo?

La respuesta se encuentra en los usos y costumbres de los mexicanos: los habitantes de estas regiones generalmente no practican lo que dicen creer.

Así, la gran mayoría de los que se dicen católicos no cumplen con los mandamientos de su religión. De la misma manera que los priistas no practican lo que sostiene su declaración de principios (quizá ni siquiera la han leído).

De tal suerte que el PRI nunca fue lo que dijo ser. La simulación y las reglas no escritas formaron su ADN. Todo, desde luego, encubierto por una parafernalia ritual, donde sí se cuidan escrupulosamente las reglas. (Basta ver hasta hoy las ceremonias peñistas).

Y así, el PRI siempre sobrevivió, conservando lo que le funcionaba y escondiendo bajo la alfombra lo que no le servía.

Pero en lo que sí mantuvo inalterable su raíz totalitaria, fue en los métodos gansteriles de dominio y el odio a la libertad: su auténtica kriptonita.

Hoy, el PRI es una reliquia del pasado, un cascarón hueco habitado por fantasmas del siglo XX: viejos con bigotes de Álvaro Obregón, jóvenes mirreyes con el lenguaje corporal y las corbatas de López Mateos, mujeres disfrazadas de Adelitas, líderes obreros con los lentes oscuros de Fidel Velázquez.

Su clientela ahora se reduce solo a los usuarios necesitados e ignorantes de los programas sociales y a los empleados de gobierno.

Ese es el PRI que se reunirá en agosto. El PRI de Atlacomulco y Pachuca, dos sitios donde desde 1929 no se ha permitido la alternancia.

¿Y qué podemos esperar de esa reunión?

Nada nuevo. Lo de siempre:

Rígidos protocolos, enormes presídiums, pomposos discursos. Simulación, mentiras, disciplina y bajas pasiones.

Y, al final, un traje a la medida para Osorio, Nuño, Meade o Narro.

Una puesta en escena soviética en la década de las APPS.

alvalima@yahoo.com