Heterodoxia

Populismo autoritario…

Las épocas de gloria del PRI ocurrieron hace 40 años. Durante los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo.

Después de haber aplastado a sangre y fuego el movimiento estudiantil de 1968, Echeverría, un perverso Maquiavelo, concibió la idea de convertirse en el nuevo Cárdenas: nacionalista, soberanista, agrarista, obrerista, antiimperialista, tercermundista. Todo esto, desde luego, en apariencia, porque detrás del impresionante montaje mediático que reproducía sus agotadoras giras nacionales e internacionales, se ocultaba un individuo enfermo de poder, que asesinó, otra vez, a estudiantes el 10 de junio de 1971.

Pero no solo eso, Echeverría, según testimonio publicado por el ex agente Philip Agee, tenía años de actuar como informante encubierto de la CIA, bajo el seudónimo de Litempo 14.

En aquellos terribles años setenta, donde se encarcelaba, asesinaba o exiliaba a los disidentes y el gobierno era dueño de las principales empresas del país, el PRI mandaba en el Congreso de la Unión y en todas las gubernaturas.

Cuando Echeverría designó como sucesor a López Portillo, un carismático demagogo, ningún otro partido se le opuso. En 1977 fue candidato único a la Presidencia. Las elecciones pudieron ser innecesarias. Todo el poder era para el PRI.

Y así le fue al país. Como bien se sabe, el poder absoluto corrompe absolutamente. López Portillo, tras una fachada supuestamente académica, ordenó la guerra sucia. Una de las páginas más oscuras de la represión. Cientos de muchachos y muchachas, inflamados de heroísmo revolucionario, fueron masacrados por delincuentes habilitados como policías. Las finanzas públicas se manejaron con errática frivolidad y al término de la docena trágica, como algunos calificaron esa época, López Portillo entregó un país saqueado, endeudado y aterrado.

La justicia poética sin embargo, alcanzó a estos dos esperpentos: hoy Echeverría vive una especie de arresto domiciliario, mientras López Portillo pasó sus últimos años sometido a la violencia familiar de su amante.

Ese fue el zénit del PRI, cuando era dueño de vidas y haciendas.

Estos años, el grupo Atlacomulco ha intentado reproducir el modelito, emulando aquella tragedia, con la puesta en escena de una siniestra comedia.

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