Heterodoxia

Un crimen sin castigo…

La percepción de un posible crimen en el hundimiento del 13 de Marzo la tienen Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y hasta un relator de las Naciones Unidas. Entidades han exigido una investigación imparcial.

Un apreciado amigo cubano me hizo llegar el relato de un hecho trágico ocurrido hace 20 años.

Se trata del hundimiento deliberado, por parte de la seguridad del gobierno de la isla, de un remolcador donde huía un grupo de familias abrumadas por la miseria y la falta de oportunidades que vivían en 1994.

Antes de la madrugada del 13 de julio, en los muelles de La Habana, aprovechando la bruma que oscurecía la noche, unos 70 hombres, mujeres, niños y ancianos robaron y abordaron el pequeño barco llamado 13 de Marzo.

Para llevar a cabo esta acción contaron con el liderazgo de Eduardo Suárez Esquivel, ingeniero en computación que había intentado huir varias veces sin lograrlo. Obsesionado por encontrar la manera de escapar, convenció a su cuñado Fidencio Ramel Prieto de que se llevaran el remolcador y fungiera de capitán. Ramel, que estaba al frente de las operaciones en el Puerto de La Habana, había sido secretario del Partido Comunista ahí mismo.

Numerosos familiares fueron incluidos en el proyecto, y también amigos íntimos. Para mantener el mayor secreto, a los niños se les dijo que irían en una excursión. Una vez que la mayoría de los que habían acordado huir estuvo a bordo, la nave se puso en movimiento. Algunos de los que habían organizado la huida se extrañaron de que algunos invitados no hubieran llegado a la cita.

Sin que ellos lo supieran, las autoridades gubernamentales habían estado recibiendo información sobre el plan, con toda probabilidad a través de infiltrados.

Eran las 3:15 a.m. cuando comenzaron a abrirse camino. Sorpresivamente, un remolcador que pertenecía a la misma empresa estatal inició la persecución.

El barco interceptor primeramente trató de forzar al 13 de Marzo hacia un muelle. Cuando esto fracasó, lo embistió tratando de empujarlo hacia los arrecifes. Otros dos remolcadores que lo esperaban en la oscuridad se unieron a la cacería. Con sus mangueras hidráulicas a presión comenzaron a lanzar chorros de agua contra la embarcación que escapaba.

Después de unos 45 minutos, cuando el 13 de Marzo se había alejado unas siete millas mar afuera, los remolcadores que le perseguían comenzaron nuevamente a embestirlo. A pesar de que el 13 de Marzo se había detenido y había enviado señales indicando que estaba dispuesto a rendirse, el ataque implacable continuó. Embarcaciones de la Marina cubana habían llegado a la escena, pero se mantuvieron detrás, observando el espectáculo.

Los adultos subieron a los niños a cubierta intentando que, al percatarse de la presencia de los pequeños, los asaltantes detuvieran los chorros y las embestidas. Pero los atacantes continuaron bombardeando a los impotentes pasajeros con los chorros de alta presión por toda la cubierta, destrozando sus ropas y arrancando a los niños de los brazos de sus padres. Algunos fueron barridos hacia el mar. A eso de las 4:50 a.m., el remolcador se hundió.

El gobierno cubano informó que 32 personas se habían ahogado y que 31 habían sido rescatadas y apresadas.

El periódico Granma —órgano del Partido Comunista— publicó la versión oficial de los hechos. Ésta sostenía que las tres naves que perseguían al 13 de Marzo habían intentado interceptarlo y que las maniobras emprendidas con ese fin habían causado un accidente lamentable.

Los sobrevivientes del hundimiento aseguran que hay todas las evidencias de que los aparatos de seguridad del Estado cubano les prepararon una emboscada para hacerles creer que podían huir, esperar que iniciaran la navegación, para posteriormente hundirlos y así establecer un terrible precedente. Se trató —según estos testimonios— de un asesinato premeditado y cobarde.

Esta misma percepción de la existencia de un posible crimen en este hundimiento la tienen Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y hasta un relator de las Naciones Unidas. Todas estas entidades han exigido, sin éxito, al gobierno cubano una investigación imparcial sobre la tragedia.

Hasta aquí los hechos duros. Los comparto con los lectores porque juzgo que las víctimas merecen recibir la justicia que reclaman.

Y seguramente, tarde o temprano, lo lograrán. Nada es para siempre.

alvalima@yahoo.com